Zapata Meza, Marcela (2014). Influencia del arte simbólico del Antiguo Egipto en el ideal de belleza en Platón. UAMS

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    1 Influencia del arte simb—lico del Antiguo Egipto en el ideal de belleza en Plat—n. Mtra. Marcela Zapata Meza I. Introducci—n El eco de la milenaria civilizaci—n egipcia se hizo presente en la literatura griega desde la Žpoca arcaica a travŽs de los textos de Homero. Sin embargo, ser‡ m‡s tarde, con el historiador Her—doto que se da la primera difusi—n sistem‡tica entre los griegos de los logros del Antiguo Egipto. Movido  por la curiosidad etnogr‡fica, el escritor jonio viaj— a Egipto; conoci— la forma de vida tanto cotidiana como en el ‡mbito religioso; visit— sus ciudades y recopil— gran cantidad de informaci—n que, posteriormente, le servir’a para sus trabajos historiogr‡ficos. En su cŽlebre obra ÒHistoriaÓ cuyo eje lo constituye el frecuente enfrentamiento entre Oriente y Occidente, resulta evidente su admiraci—n por la m‡s avanzada cultura egipcia. ÒEstudia con curiosidad las instituciones de los  pueblos orientales y ve, en Egipto sobre todo, un modelo de sabidur’a, la cuna de la religi—n griegaÓ. 1   I.1. L’mites de Egipto y antigŸedad de sus habitantes Her—doto viaj— por buena parte del mundo entonces conocido (Egipto, Asia Menor, Babilonia, Escitia y Magna Grecia). Este contacto directo con otras sociedades as’ como su propia evoluci—n intelectual le hicieron distanciarse de las concepciones y t—picos de sus conciudadanos. As’, en contra de la opini—n de los jonios para quienes Òs—lo el Delta [del Nilo] es EgiptoÓ 2 , afirma que Egipto exist’a antes de la aparici—n del Delta, es decir, antes de que el valle del Nilo se llenara de aluviones. Aprovechando un or‡culo del dios Am—n segœn el cual eran egipcios los habitantes de las zonas lim’trofes con Libia y, por tanto, fuera de los l’mites del Delta, a–ade Her—doto que ÒEgipto es el pa’s que riega el Nilo en sus inundaciones y son egipcios quienes habitan curso abajo de la ciudad de Elefantina y beben agua de ese r’oÓ 3 . El historiador jonio reconoce que Òlos egipcios ... se consideraban los hombres m‡s antiguos del mundoÓ 4 , y, aunque aparentemente lo pone en 1  Andrados, Francisco R. (1992).  Introducci —  n a Her  —  doto, Historia. Libros I-II. Traducci — n y notas de C. Schrader. Madrid. P. 18   2  Her  — doto, Historia, II, 15, traducci — n de C. Schrader.   3  Ibid., II, 18   4  Ibid., II, 2      2 duda por medio de una historia de dos bebŽs alimentados por una cabra, admite despuŽs su gran antigŸedad; algo que, por otra parte, constitu’a un lugar comœn entre los griegos. As’, escribe al respecto: Ò Yo no creo que los egipcios tuvieran su srcen al mismo tiempo que el Delta ... sino que existen desde siempre, desde que surgi— el gŽnero humano , y que, al ir creciendo su pa’s, hubo muchos que se quedaron atr‡s y muchos que fueron bajando progresivamente. Por lo dem‡s, antiguamente se llamaba Egipto a la regi—n de Tebas" 5   I.2. Principales contribuciones de los egipcios a la cultura Segœn Her—doto, el pueblo egipcio habr’a alcanzado pronto grandes conocimientos de astronom’a, e igualmente un alto desarrollo tŽcnico manifestado en la construcci—n de sus magn’ficas pir‡mides. ÒLos egipcios fueron los primeros hombres del mundo que descubrieron el ciclo del a–o, dividiendo su duraci—n, para conformarlo, en doce partes [a–o solar de doce meses]... Dec’an tambiŽn que los egipcios fueron los primeros en dedicar altares, estatuas y templos a los dioses y en esculpir relieves en piedra Ò 6 . Los dioses egipcios habr’an sido adoptados m‡s tarde por los griegos y en ellos estar’a, segœn el historiador jonio, el srcen de la religi—n griega: ÒLos nombres de casi todos los dioses han venido a Grecia procedentes tambiŽn de EgiptoÓ 7 . En cuanto a los avances tŽcnicos empleados por los egipcios en la edificaci—n de sus monumentos, Her—doto ofrece un ejemplo representativo: la construcci—n de la pir‡mide de Keops mediante el uso de m‡quinas elevadoras de los sillares 8 . En otra ocasi—n Her—doto habla en tŽrminos elogiosos de la sorprendente especializaci—n que ya exist’a en la medicina del Antiguo Egipto: Ò Asimismo, tienen especializada la medicina con arreglo al siguiente criterio: cada mŽdico lo es de una sola enfermedad y no de varias. As’, todo el pa’s est‡ lleno de mŽdicos: unos son mŽdicos de los ojos, otros de la cabeza, otros de los dientes, otros de las enfermedades abdominales y otros de las de localizaci—n incierta Ò 9 . Una de las claves de la popularidad de Her—doto y de su prolongada influencia literaria radica en el relato de las cosas admirables o maravillosas que hab’a presenciado o que le hab’an contado. Este interŽs hacia lo ex—tico le llev— a prestar atenci—n a las costumbres populares de los egipcios, subrayando sus diferencias respecto a las de otros pueblos y generalizando sus observaciones 5  Ibid., II, 15, cursiva m ’ a.   6  Her  — doto. Historia, II, 15. Traducci — n de P. Bartolom Ž   Pou. Versi — n para eBook 2006.   7  Ibid., II, 50   8  Ibid., II., 124-125   9  Ibid., II., 84      3 concretas de alguna zona o clase social haciŽndolas extensivas al pa’s del Nilo en su conjunto. De este modo, por ejemplo, cuenta que los egipcios se afeitaban el cabello, viv’an junto con los animales, no com’an trigo, amasaban la harina con los pies, se circuncidaban y beb’an cerveza en lugar de vino. Los tipos de embalsamamiento y la tŽcnica tan elaborada de momificaci—n no pod’an  pasar desapercibidos a este curioso viajero griego, y de ello nos facilita una buena explicaci—n 10 . TambiŽn centr— su curiosidad en la fauna del pa’s. A Žl le debemos una detallada descripci—n del cocodrilo, e igualmente referencias, algunas veces basadas en relatos tradicionales o en fuentes indirectas, a tan llamativos animales como el hipop—tamo, el ave fŽnix y el ibis. Esta mezcla de exotismo y leyenda cal— hondo en la imaginaci—n popular griega e hizo de Egipto, gracias a la Historia de Her—doto, no s—lo un paradigma de la civilizaci—n m‡s antigua sino tambiŽn un territorio de la fantas’a, un pa’s so–ado. I.3. Influencia de Egipto en la filosof’a griega Tales de Mileto (624-546 a.C.) La filosof’a griega no naci— en suelo continental sino en Jonia, en las costas de Asia Menor. Tales de Mileto, que vivi— entre las œltimas dŽcadas del siglo VII y la primera mitad del VI a.C., es considerado el primer fil—sofo, de acuerdo con una vieja tradici—n doxogr‡fica ratificada por Arist—teles. Jonia se distingu’a en aquellos siglos por su rico comercio y un notable desarrollo urbano. Siguiendo la expansi—n griega a travŽs de la colonizaci—n mar’tima a lo largo y ancho del Mar Mediterr‡neo, los jonios tuvieron frecuentes contactos con Egipto donde fundaron N‡ucratis, colonia de Mileto e importante centro mercantil. En este contexto hist—rico no tiene nada de sorprendente que Tales viajara a Egipto y que all’ se empapara de una civilizaci—n superior a la helŽnica. As’ lo testifican nuestras fuentes: Ò TalesÉ tras dedicarse a la filosof’a en Egipto, vino a Mileto cuando era m‡s viejo" 11  All’ habr’a aprendido tambiŽn de los matem‡ticos egipcios: Ò Tales, despuŽs de haber ido primeramente a Egipto, transplant— a Grecia esta especulaci—n [la geometr’a] 12 . M‡s importante desde el punto de vista de la historia de la filosof’a resulta la influencia del  pensamiento egipcio en la afirmaci—n de Tales, segœn la cual el agua es el arkhŽ  o principio de todo, en rigor la primera proposici—n formal de la filosof’a griega. En efecto, sabemos ya que la visi—n del 10  Op cit., II, 85-90   11  Aecio, Placita philosophorum, I, 3, 1, ed. Diels, p. 276   12  Proclo, Sobre Euclides, 65, 3, ed. Friedlein      4 OcŽano como srcen de todo y la consideraci—n de Žste como un r’o que circundaba la tierra, que aparecen en la mitolog’a griega, proceden de anteriores concepciones cosmog—nicas del Antiguo Egipto. Algunos testimonios antiguos explicitan m‡s todav’a tal influjo en el concepto de arkhŽ  formulado por Tales de Mileto: ÒCreen que tambiŽn Homero, al igual que Tales, quien lo aprendi— de los egipcios , hace al agua principio y gŽnesis de todas las cosas". Y varios competentes estudiosos actuales confirman esa interpretaci—n como muy veros’mil: Ò...es probable que Tales derivara su idea de que la tierra flota sobre el agua de narraciones mitol—gicas anteriores existentes en el Oriente pr—ximo, probablemente egipcias" 13 . Adem‡s, Tales de Mileto calcul— la altura de una pir‡mide por su sombra y formul— una teor’a, aunque equivocada, que pretend’a explicar la causa de las peri—dicas inundaciones del Nilo, a saber, que los vientos etesios, al impedir que sus aguas fluyeran al mar, produc’an la crecida del r’o. La curiosidad del primer fil—sofo griego por la cultura de Egipto no constituy—, pues, algo anecd—tico o superficial sino la principal fuente de inspiraci—n filos—fica y cient’fica. Dos siglos m‡s tarde, uno de los grandes fil—sofos presocr‡ticos, Dem—crito de Abdera, elogiado por Arist—teles hasta el extremo de haber escrito que Òparece haber reflexionado sobre todos los problemasÓ, viaj— a Egipto  para aprender geometr’a de los sacerdotes, segœn informan diversas fuentes doxogr‡ficas. II. Plat—n: La hegemon’a de la cultura egipcia. Plat—n sinti— una profunda simpat’a por Egipto, valor— su cultura como la m‡s antigua de la humanidad, admir— sus conquistas cient’ficas (sobre todo, en matem‡ticas y astronom’a) y le atrajo su religi—n que se caracterizaba por un complejo corpus teol—gico y un minucioso ritual sustentados en una jerarquizada casta de sacerdotes. En cuanto al viaje 14  que habr’a realizado el fil—sofo ateniense a Egipto, hay confirmaci—n expresa por el testimonio del ge—grafo griego Estrab—n, que cuenta c—mo le mostraron durante su visita a Heli—polis el lugar de residencia de Plat—n y de su compa–ero el matem‡tico Eudoxo; se han conservado fragmentos de una obra etnogr‡fica redactada  por este gran matem‡tico y astr—nomo, titulada Geograf’a 15 . En ella escribe, en el estilo de un testigo directo, que los sacerdotes le hab’an instruido sobre el srcen de las inundaciones del Nilo, comenta las reglas sobre el uso del vino elaboradas por los sacerdotes de Heli—polis y narra un mito sobre Am—n del que ofrece una interpretaci—n aleg—rica. 13  G. E. Kirk y J. E. Raven,  Los fil  —   sofos presocr  ‡  ticos . Madrid, 1974, p. 116.   14  Ve ‡ se J. Kerschenteiner (1945). Platon under Orient. Stuttgart. pp. 48-49   15  Edici — n de F. Lasserre, Berl ’ n, 1966      5 Pero es en los di‡logos plat—nicos donde debemos centrarnos para desarrollar el tema. En el Fedro,  por ejemplo, al contar el mito de Theuth y Thamos, Plat—n les atribuye a los egipcios el haber descubierto el nœmero: arithm—n;  el c‡lculo: logism—n;  la geometr’a, la astronom’a y, en especial, las letras,  gr‡mmata , adem‡s de los juegos de damas y de los dados 16 . Plat—n subraya en este paso tanto la importancia del descubrimiento de la escritura como la ambigŸedad de sus beneficios, pues si bien se invent— como Ò medicamento o f‡rmaco de la memoria y de la sabidur’a, es olvido lo que  producir‡n ... al descuidar la memoria" 17 . En el Timeo, Plat—n pone en boca de Sol—n, legislador, poeta y uno de los siete sabios de Grecia, una historia que oy— en Egipto a prop—sito del srcen de Atenas y de c—mo Žsta hizo frente al amenazador imperio de la Atl‡ntida, isla que acabar’a desapareciendo bajo las aguas del OcŽano. Lo que destaca, ante todo, es la antigŸedad de la cultura egipcia respecto de la griega. En este sentido, es muy gr‡fico el testimonio de un anciano sacerdote egipcio: ÒOh, Sol—n, Sol—n: los griegos sois siempre ni–os, no existe el griego viejo. Todos tenŽis almas de j—venes, sin creencias antiguas transmitidas por una larga tradici—n y carecŽis de conocimientos encanecidos por el tiempoÓ 18 . A la hora de fijar una cronolog’a aproximada, se refiere a que Òlos escritos sagrados [es decir, los documentos jerogl’ficos] establecen la cantidad de 8.000 a–os para el orden imperanteÒ en Egipto 19 . Para Plat—n ningœn pa’s le pod’a disputar a Egipto este mŽrito: Ò...lo que aqu’ se conserva es lo m‡s antiguoÓ 20 . Entre las aportaciones de los egipcios a la cultura universal, se indica en el Timeo la constituci—n de distintas clases en el seno de la sociedad (sacerdotes, guerreros, artesanos, agricultores, pastores y cazadores) y el conocimiento del mundo que nos rodea, es decir, el conjunto de las ciencias, desde la astronom’a a la medicina, incluidas las tŽcnicas auxiliares de que se sirven. En las Leyes, se refleja la superioridad de la religi—n egipcia. Este di‡logo tard’o muestra al fil—sofo ateniense menos ut—pico y m‡s realista que en la Repœblica, pero igualmente cr’tico de la religi—n griega, fragmentada en el pante—n ol’mpico (tan censurado ya en la Repœblica como para prohibirse en la ense–anza la poes’a que narraba sus haza–as), en los ritos —rficos, en las divinidades 16  Fedro, 274 c-275 e.   17  En cuanto a la escritura egipcia, hay que se – alar que estaba totalmente elaborada en el per  ’ odo Tinita (cuya dinast ’ a I se desarrolla entre los a – os 3065-2890 a.C.) y que, de acuerdo con algunas inscripciones y documentos como la Piedra de Palermo, la escritura jerogl ’ fica ya exist ’ a en el Delta del Nilo durante la Ž  poca Pretinita. Los egipcios en su descubrimiento progresivo de la escritura inventaron primero los ideogramas pictogr  ‡ ficos representativos de un objeto, despu Ž s los ideogramas de acciones, y por œ ltimo la escritura fon Ž tica. La escritura jerogl ’ fica pose ’ a unos 800 signos. Para una mayor facilidad en la ejecuci — n de los signos, se invent —   m ‡ s tarde la escritura hier  ‡ tica, de hecho una cursiva de la jerogl ’ fica.   18  Timeo, 22 b, traducci — n de F. Lisi   19  Ibid., 23 c   20  Ibid., 22 e  
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