Lalo, Eduardo - Las posibilidades de la mano (de Intemperie. Inédito)

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  138 Las posibilidades de la mano (de  Intem- perie . Inédito)  Eduardo Lalo (Universidad de Puerto Rico. Recinto de Río Piedras) 1 Muchos intelectuales occidentales no piensan. Esto no quiere decir que no sean maniestamente cerebrales. Su labor se centra en comentar y ela -  borar una tradición que no cuestionan, pero que es un cuerpo de escritura que avasalla a todo hombre provisto de mente. Pensar es una actividad especíca y radical de la mente y el cuerpo que supone ir contra las creencias: las de la cultura y la sociedad a la que se  pertenece y las de la mente y el cuerpo que se habitan. No piensa quien está seguro del srcen, de pertenecer a un marco de signos que se toma como equivalente de la Realidad, la Historia o la Identidad. No piensa quien ex - cluye el potencial discursivo y teórico de la condición humana de otros. No piensa Occidente cuando obra como una tradición de creencias, tan esperanzada como cualquier otra que esta geografía ideologizada estaría inclinada a ridiculizar. Occidente razona profundamente pero no piensa. De ahí los énfasis escolares de su historia: su limitado catálogo de nombres que constituye una lista de la exclusión, tanto de propios como especial - mente de ajenos. Occidente es una idea desmundializada . Está estructura - do como un archipiélago, como un gremio, como una alianza de territorios incapaces de considerar su insularidad. Pero pensar no sólo nos lleva a otra parte, sino que al hacerlo, hace falta descreer del punto de partida. Este es el territorio no geográco de la desconanza, de la rareza, del invisible. El occidental piensa cuando lucha contra el peso autoinigido de ser occidental. Se trata ahora de saber hasta qué punto una obra puede estar fuera de un antiguo vasallaje. ¿A cuántos  pasos o a cuántos cientos de kilómetros, en qué otra mente se construye la distancia del que piensa?El pensamiento es literatura de viajes. Pensar es  partir   de Occidente. Hacerlo es abandonar el lugar que ha dominado las geografías. Es entender que se puede introducir en el innito interno de nuestro cuerpo el innito externo del mundo. Y el abandono de lo recibido es algo estrechamente ligado al éxtasis.  Letral, Número 6, Año 2011  139  Las posibilidades de la mano (de Intemperie . Inédito)  Eduardo Lalo “Todo lo que puede hacer la losofía... es destruir ídolos”. La lucidez es de Wittgenstein en su Gramática losóca . Y luego escribe, en una car  - ta a su amigo Norman Malcolm: “No se puede pensar decentemente si no se está dispuesto a hacerse daño”.   La pertinencia de una literatura es el resultado de una serie de escrito - res (a veces, en alguna época, de uno solo) que no caben en su sociedad. El escritor es un error de socialización. Sus textos son el resultado temerario de esta derrota adaptativa y el testimonio de su supervivencia: logró en el circuito de unas pocas calles, de una vida ínma, densicar su experiencia  para contrarrestar la proximidad que le negaba. Esta supervivencia es, en - tre otras cosas, una regeneración de la belleza. Una belleza deslumbrante e íntima, imperceptible para la gran mayoría de la gente de su tiempo.Sobrevivir, sobrevivir, sobrevivir. ¿Qué signica la repetición de este empeño, la confrontación continua con los malentendidos de los cuerpos que nos circundan, la búsqueda del espacio para poder obrar, para perdurar sin sentir que se está a medias, es decir, de más? El escritor es el personaje que rehúsa desaparecer de la novela.El lósofo es un practicante de la ajenidad. Su presencia en el mundo se da a partir de la errancia de la mente. La elaboración de su trabajo es una extra-vagancia: un camino sin término, ambulante, incapitalista . Su vo - luntad excesiva y, por esto mismo erótica, es el movimiento exploratorio de la mente y el cuerpo en un territorio difuso, atravesado de signos.Roland Barthes escribió: “Ni una cultura ni su destrucción son eróticas; lo son el fracaso de la una y de la otra” (  Le plaisir du texte  15). Este afán de ruindad compone el circuito migratorio del extra-vagante. Para acceder al gozo al que apunta Barthes, se tiene que descreer, hay que estragarse/extravagarse hasta conocer que todas las huellas se hacen en la arena. 2 Leo  Levantar la mano sobre uno mismo: Discurso sobre la muerte voluntaria de Jean Améry  en el área de restaurantes de San Patricio Plaza. En el centro del salón se lleva a cabo un desle de modas organizado por una academia de renamiento. Sus protagonistas, niñas y adolescentes, caminan por una pasarela improvisada y son vitoreadas y fotograadas por sus familias. En torno a mí una muchedumbre ocupa todas las mesas, come hamburguesas, platos de arroz y habichuelas, costillas, piezas de pollo. A causa de la mala acústica, la música del desle y el ruido de las conversa -  Letral, Número 6, Año 2011  140  Las posibilidades de la mano (de Intemperie . Inédito)  Eduardo Lalo ciones crean una masa sonora compacta, en la que sus componentes ape - nas se perciben por separado. Puedo, por tanto, seguir leyendo en la mesa  para dos en la que sólo queda la silla que ocupo.En este lugar leo la obra del lósofo que pasó por los campos de con - centración del nazismo y que escribió sobre el suicidio. (Améry no limitó sus inquietudes a la página y se dio muerte en 1978). Experimento una enorme libertad, provocada en iguales proporciones por el libro que leo y el lugar en que lo hago. La indagación sobre la muerte voluntaria es vita - lista. Améry lo expresa bien: “La idea de ser polvo es tan inquietante como  bienhechora”. Pero su consideración se potencia cuando cato la distancia que me separa de los que están a mi alrededor. Podría dejar el libro de Améry sobre la mesa y nadie lo robaría. No ocurriría lo mismo con cual - quier cosa adquirida en el centro comercial. No obstante, aquí estoy con un objeto que quema mis manos, cuya realidad mental es un vigor secreto. Probablemente ninguno de los que están aquí comiendo, en los pasillos anqueados de tiendas, en el estacionamiento o en las calles por las que regresaré caminando a casa, ha errado más para llegar a la lectura de ese libro que transforma esta tarde. He aquí la extra-vagancia.La perfección del instante. Es una paradoja, pues lo perfecto se estima completo y duradero. Pero la expresión es exacta, aquí, ahora, bajo las vías del tren.  Un escritor se representa a sí mismo, no a su país, no a su lengua. Su identidad es la de las palabras con que se enfrentó a la vida (a su país, a su lengua, a la historia…)El hecho infamante de que cada vez que pronuncio el nombre de mi idioma nombro a un pueblo incapaz de percibirme. ¿Mi lengua es verda - deramente la española? En realidad wabi signica ʽpobrezaʼ o, formulado negativamente, ʽel no  pertenecer a la sociedad imperante de la épocaʼ. Ser pobre, es decir, no depender de las cosas del mundo  —  riqueza, poder y prestigio  —   y, sin embargo, sentir en su interior algo del más alto valor, independientemen - te del tiempo y de la posición social. Esto es lo que en esencia signica wabi. Dicho en términos de la vida cotidiana, wabi es estar conforme con una pequeña choza, un cuarto con dos o tres alfombras tatami, como hiciera Thoreau en su cabaña, y con un plato de vegetales recogido en un huerto cercano y, quizás también, el escuchar el golpe de las gotas de una llovizna de primavera. (Suzuki 92-93).  Letral, Número 6, Año 2011  141  Las posibilidades de la mano (de Intemperie . Inédito)  Eduardo Lalo Es escasa la literatura escrita a la intemperie. Ésta produce resquemor cuando la literatura se concibe como una vía a la notoriedad, el prestigio y la riqueza que librarían a sus autores de lo gris de sus vidas. ¿Dónde están los escritores quedados del mundo? Dependiendo de cuáles sean sus sociedades, sus libros se perderán entre docenas o miles de volúmenes y viajarán por el mundo como maletas de pobres. De cuando en cuando, en todas partes, se reproduce la escena en que se “descubre” a un autor. Casi siempre viejo, casi siempre miserable y sin mucho que añadir a la obra hasta entonces ignorada. Por desgracia, frecuentemente el reconocimiento no viene acompañado por la lectura. La fama no despoja a los viejos maestros del olvido. “En una ocasión se le preguntó a Chao-chou, discípulo en el dharma de Ma-tsu, qué diría a un hombre que no poseyera nada. Chao-chou respondió: ʽ¡Que también tirara eso!ʼ ¿Si un hombre no tiene nada, qué puede tirar? La pa - radoja confunde por completo a nuestro intelecto”. (Chang Chung-Yuan 15).Los límites del pensamiento no son los mismos de la mente. Por ello hay otras posibilidades para la escritura. Por ello, también, la feracidad de la intemperie. La razón es una manifestación del miedo. Se teme exponerse a unas circunstancias que se encuentren en un más allá de una construcción pri - mitiva del yo (y todas las construcciones de la identidad son fundamen - talmente primitivas). La razón organiza el relato de los fenómenos y el  pasado y el futuro se engarzan para que el presente no se sienta como un descampado. Pero la razón sigue siendo hija del miedo y aquí se encuen - tran sus límites perceptivos y conceptuales si no se descree, si no se pien - sa. Pensar en el límite signica vislumbrar otros estados y posibilidades, concebir, por tanto, las debilidades de la razón y del miedo y las de sus tradiciones de textos.Ahora: el mejor cielo, la mejor gota de lluvia posada en el cristal. No  por ser mejores que otros, sino por ser este  cielo, esta  gota de lluvia. Excepto el Mediterráneo, para Occidente, todos los mares son secun - darios. Da lo mismo el Caribe que el mar de Japón. Esta jerarquización de la geografía es uno de los eventos más devastadores de la humanidad. Neal Ascherson estudia en su historia del mar Negro la batalla en la que se jugó la estructura desigual del mundo:  Letral, Número 6, Año 2011  142  Las posibilidades de la mano (de Intemperie . Inédito)  Eduardo Lalo En las costas del mar Negro nacieron dos hermanos siameses llamados ʽcivilizaciónʼ y ʽbarbarieʼ. Fue donde los colonos griegos entraron en contacto con los escitas… Pero con este encuentro concreto comenzó la idea de ʽEuropaʼ con su arrogancia, todas sus connotaciones de su -  perioridad, todas sus presunciones de prioridad y antigüedad, todas sus  pretensiones de poseer un derecho natural a dominar. (Ascherson 73).  Ser escita, pues, como proyecto de vida y de pensamiento. Serlo con la honda fuerza del que da la espalda y con su mochila al hombro camina hacia donde quiere, en un lugar que siempre quedará lejos.Después de que se ha visto, ¿los ojos se cansan de estar abiertos?Ikkyu escribió en el siglo XV: “Al no tener destino, nunca estoy perdi - do”. Son éstas las posibilidades de la mano.  Letral, Número 6, Año 2011
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