Hábitos comunicativos y política. Efectos en las actitudes políticas de la población mexicana.

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  ANAGRAMAS - UNIVERSIDAD DE MEDELLINAnagramas Volumen 10, Nº 20 pp. 129-146 ISSN 1692-2522 Enero-Junio de 2012. 228 p. Medellín, Colombia  129 Hábitos comunicativos y política. Efectos en las actitudes políticas de la población mexicana * Natalia Aruguete ** Carlos Muñiz *** Recibido: 20 de febrero de 2012 Aprobado: 27 de marzo de 2012 Resumen Mucho se ha analizado acerca de la relación entre medios y actitudes políticas, en el marco de la investigación en comunicación política. Los estudios se dividen entre aquellos que asumen que la cobertura mediática de la política declina el interés ciudadano hacia ella y los que sostienen que los medios promueven un mayor compromiso cívico y político. Asumiendo que la relación entre medios y opinión pública no es unidimensional, y que no hay un único factor en la formación de actitudes hacia la política, este trabajo analizó la cuarta Encuesta de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP), realizada en México en el año 2008. Se encontró una relación significativa entre conversación política, consumo de ciertos medios de comunicación y las actitudes políticas por parte de la población. Los resultados del estudio permiten abrir una discusión sobre los efectos de los medios en la generación de una cultura política en el país. Palabras clave: consumo mediático, conversación política, interés en la política, participación cívica, confianza política * Este estudio forma parte del proyecto de investigación titulado “Análisis del impacto de las prácticas comunicativas en las actitudes políticas de los estudiantes de bachillerato de la zona metropolitana de Monterrey”, financiado por la Secretaría de Educación Pública, PROMEP, como Apoyo a la Incorporación de Nuevos Profesores de Tiempo Completo (PTC).** Doctora con mención en Ciencias Sociales y Humanidades por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ, Argentina) y Magíster en Sociología Económica por la Universidad Nacional de General San Martín (IDAES-UNSAM, Argentina). Es investigadora del CONICET (Argentina). Es profesora e investigadora de la UNQ. Su línea de investigación se centra en el estudio de las agendas mediática y pública, desde las teorías de la Agenda-Setting y el Framing. Correo electrónico: nataliaaruguete@gmail.com*** Doctor en comunicación por la Universidad de Salamanca (2007) y profesor titular de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Miem-bro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I. Sus líneas de investigación se centran en el estudio de los efectos mediáticos, la comunicación política y el estudio de la representación de las minorías en los medios. Correo electrónico: carmuniz@hotmail.com  Natalia Aruguete - Carlos Muñiz ANAGRAMAS 130 Communication Habits and Politics: Effects on Political Attitudes of Mexican Population  Abstract  A lot has been analyzed about the relationship between media and political attitudes in the field of political communication research. Studies are divided into those assuming that media coverage of politics declines the interest of citizens for politics and those affirming that media promote a higher civic and political commitment. If we assume that the relationship between media and public opinion is not a one-dimension one and there is not an only factor which encourages formation of attitudes towards politics, this article has analyzed the fourth “Encuesta de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas” (ENCUP), conducted in Mexico in year 2008. A meaningful relationship  was found among political speech, consumption of certain communication media, and political attitudes of population. Results allow opening a discussion about the effects of media on the generation of a political culture in the country. Key words: Media consumption; political speech; interest in politics; civic participation; political trust.  Hábitos comunicativos y política. Efectos en las actitudes políticas de la población mexicanaAnagramas Volumen 10, Nº 20 pp. 129-146 ISSN 1692-2522 Enero-Junio de 2012. 228 p. Medellín, Colombia  131 Introducción Toda democracia requiere de la supervivencia de sus reglas, mediante el fortalecimiento de la cultura democrática de su población. Salvo ex-cepciones, difícilmente los ciudadanos interiorizan valores tales como la honestidad, la solidaridad, el altruismo social, la tolerancia, el interés e infor-mación políticas y, coherentes con estos últimos, la predisposición a participar políticamente en distintos planos y actividades. Tal y como señala Crespo (2007), el ciudadano promedio “no está esencialmente interesado en la política ni esta constituye uno de sus intereses primordiales” (249). Esto hace que normalmente esta población carezca de un adecuado nivel de información política y su participación se limite al voto en las elecciones correspondientes. No obstante, entre los ciudadanos existe la creencia de que –en determinadas condiciones– amerita tener un involucramiento en cuestiones políticas. En otras palabras, lo que Crespo (2007) denomina “sentido de eficacia política” (p. 251) no es otra cosa que participar en un nivel moderado, no intenso ni permanente, aunque suficiente para preservar la institucionalidad democrática. Para ello es necesario mantener un nivel aceptable de interés en la vida política, asociado a la búsqueda de información, “lo que, a su vez, permite y alienta a adentrarse en alguna forma de participación” (Crespo, 2007, p. 253). Ahora bien, es necesario que detrás de la información haya un interés ori-ginario, aunque este no es automático, por lo que no se descarta que el consumo de información política contribuya a despertar inquietudes sobre determinados asuntos y, por ende, un progresivo involucramiento y participación en la vida política. En las democracias más estables, los medios de comunicación establecen puentes entre el sector político y gran parte de la sociedad. Estas instituciones cumplen dos roles: alertan al pú-blico acerca de los acontecimientos y cambios que tienen lugar en el entorno, cumpliendo así una función indicadora de los hechos políticos que se consideran sobresalientes, pero también son traductores de los lenguajes, en la medida en que hacen comprensibles las noticias para una gran parte del público que las consume (Mc-Combs y Evatt, 1995). Pero, cabe preguntarse si este puente también se produce en democracias en proceso de asentamiento, como puede ser el caso de México. Por ello, y teniendo en cuenta el contexto político mexicano, cabe preguntarse ¿hasta qué punto este desinterés y alejamiento de la política se puede estar produciendo? Y, ade-más, ¿es posible que los medios encuadrando los asuntos políticos en términos de conflicto estén impactando en este tipo de manifestaciones de las actitudes políticas en la población mexicana?En su trabajo, García Luengo señala que el es-tudio de la cultura política implica necesariamente el análisis de las tres dimensiones vinculadas con ella, en tanto que la cultura está constituida por un conjunto de orientaciones afectivas, cogniti-vas y conductuales asociadas con el sistema y los objetos políticos. Así, la dimensión afectiva comprende conceptos como el interés hacia la política, la confianza en las instituciones y el sentimiento de eficacia política de los ciudadanos (García Luengo, 2008). Dentro de la dimensión cognitiva se puede estudiar la comprensión de la población de lo político, mientras que en la parte conativa habría que analizar el grado de activismo político o de participación cívica y política. El presente estudio se centra en el análisis de cómo y en qué grado los hábitos comunicativos de la población mexi-cana, frente a otros posibles factores, influyen en el interés hacia la política, en la confianza puesta en instituciones y gobernantes y, finalmente, en el grado de participación cívica ciudadana detectada entre los mexicanos. 1. Marco teórico 1.1. Contexto político mexicano Toda democracia debe dotarse de diversos componentes que contribuyan a su sostenimiento y mejora. Sin duda, es necesario que existan ins-  Natalia Aruguete - Carlos Muñiz ANAGRAMAS 132 tituciones fuertes y un sistema político asentado que permita la alternancia pacífica entre las dife-rentes opciones políticas existentes en un país. Pero esto no garantiza, por sí solo, el sistema. También es necesario contar con una ciudadanía activa y participativa (Aguilera, 2010), no en el sentido reduccionista de participación política  –que supone solo el ejercicio del voto– sino me-diante mecanismos de participación ciudadana que ayuden a fortalecer el sistema, el control de la actividad de sus representantes políticos y el aporte de otros componentes, como el asociacio-nismo o la militancia en organizaciones políticas. Este esquema, que parece estar presente en las democracias consolidadas, es aún inestable en las sociedades que se encuentran en transición hacia sistemas plenamente democráticos, como puede ser México. Aunque el sistema político mexicano ha reco-rrido un gran camino de estabilidad, ello no ha ido unido necesariamente al logro de transparencia ni a la consecución de un sistema democrático de libre alternancia. Desde principios del siglo XX, tras el fin de la Revolución mexicana, el sistema ha mantenido un intercambio de poder pacífi-co, disfrazado con la celebración de elecciones donde la ciudadanía era convocada para decidir a sus futuros gobernantes, un sistema que fue denominado en su momento por el escritor Vargas Llosa como la “dictadura perfecta”, debido a la constante reelección de representantes del Parti-do Revolucionario Institucional (PRI), logrando la mayoría de los cargos de representación (Aceves, 2000). Sin embargo, las elecciones presidenciales de 1988 fueron un punto de inflexión, ya que intro-dujeron cambios en la vida política que finalizaron con la victoria del Partido Acción Nacional (PAN) y el expresidente Vicente Fox, en las elecciones de 2000 (Santillán, 2008).Se ha señalado que las elecciones presiden-ciales de 1988, donde el triunfo del PRI fue muy cuestionado, despertaron en la sociedad mexicana una gran demanda de democratización para el país, a partir de un cambio del sistema político (Santillán, 2008). Una necesidad de moderniza-ción que pasaba por el cambio en el proceso de legitimidad de ese sistema. Así lo apuntan Mata y Escobar (2006) en su estudio, al indicar que en los años 90 se asistió a un cambio generacional. Frente a una mayoría de la población mayor de 36 años, para quienes el gobierno debía seguir apoyándose en los ideales de la Revolución de 1910, el 56% de los jóvenes encuestados –entre 18 y 35 años– consideraba que debía superarse este ideario. Las elecciones presidenciales de 2000 su-pusieron el principal cambio en el panorama político mexicano, con la alternancia partidista en la presidencia de la República. Si bien en años anteriores se habían producido alternancias de partido en otras instituciones, esta fue la imagen más visible del cambio que se estaba produciendo en el sistema. Desde entonces, diversos estudios han detectado efectos positivos en la ciudada-nía, como el hecho de que una gran parte de la población mexicana (64%) considere que su voto es eficaz para hacer que las cosas sean diferentes en el futuro, según datos del Latinobarómetro de 2005. Sin embargo, también se han detectado ciertos niveles de desafección e involucramiento con posterioridad a estas elecciones. Datos de 2003 muestran una disminución en la tradicional tendencia de alto nivel de votantes entre la po-blación con mayores niveles de educación y de adscripción urbana (Mata y Escobar, 2006). Unos datos que pueden reflejar una cierta decepción en esa parte de la población, que llevará a la desafección y falta de participación.Un caso señalado como uno de los posibles motivos de generación de desconfianza política en el sistema mexicano fue el de las recientes elec-ciones presidenciales de julio de 2006 (Moreno, 2008). El triunfo de Felipe Calderón, candidato del partido en el poder PAN, por sobre Andrés Manuel López Obrador, de una coalición liderada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD),  Hábitos comunicativos y política. Efectos en las actitudes políticas de la población mexicanaAnagramas Volumen 10, Nº 20 pp. 129-146 ISSN 1692-2522 Enero-Junio de 2012. 228 p. Medellín, Colombia  133 marcaron un hecho sin precedentes, ya que la diferencia entre ambos se ubicó en tan solo un 0.57% de los votos. Una de las principales conse-cuencias de este proceso fue la discusión política que se instaló, no solo en el ámbito político, sino también entre la población. A ello contribuyó – además– la cobertura mediática realizada, tanto del proceso electoral como de la situación que fue ampliamente denominada como un “conflicto pos-electoral” (Moreno, 2008). Tal tratamiento mediático de corte “estratégico” (Cappella y Ja-mieson, 1997) pudo ser la base de un aumento en la desconfianza, la desafección y la disminución del interés hacia la política en ciertas capas de la población mexicana. 1.2. Los medios y las actitudes políticas Son diversas las disciplinas académicas que han analizado los efectos que los medios de co-municación tienen sobre la opinión pública. Entre los estudios del campo de la comunicación se des-taca la línea seguida por la teoría del Framing  (teoría del Encuadre), cuyos investigadores asumen que la forma de presentar ciertos asuntos puede in-fluir, no solo en las percepciones sino, además, en las actitudes políticas. En palabras de Kiousis (2005), “los medios no solo nos cuentan sobre qué pensar, ellos también pueden contarnos cómo y qué pensar acerca de los temas y, más aún, qué hacer al respecto” (p. 20). Los cambios leves en la forma en que las noticias son encuadradas pueden afectar la reacción de las audiencias, en tanto el  framing  provee un contexto que activa conocimien-tos previos (Cappella y Jamieson, 1997). En este sentido, el poder de los encuadres de las noticias sobre las audiencias depende de dos cuestiones. Por un lado, de la forma como son presentados los asuntos, es decir, qué rasgos de la realidad se seleccionan y destacan y cuáles se omiten. Por otro, de su impacto sobre los esquemas que la gente utiliza para interpretar la información recibida. En otras palabras, la interpretación de un tema se hace en función del mensaje y de los saberes de la audiencia. Existen dos principales posturas respecto del interés de la población hacia la política, explica-das en parte por el consumo de noticias: la del malestar mediático ( media malaise ) y la del círculo virtuoso ( virtuous circle ). Desde la primera se asume que las coberturas noticiosas declinan el interés y el entusiasmo en relación con la política (Cap-pella y Jamieson, 1996). Dentro de la segunda, se encuentran quienes sostienen que los medios promueven un mayor compromiso cívico y político (Newton, 1999; Norris, 2000; 2001).Hacia la década del 70 surgieron los prime-ros estudios sobre la influencia mediática –en especial, de la televisión– sobre los aspectos políticos. Según dicha perspectiva, la exposición a los medios generaba un claro efecto negativo, donde se destacaban la alienación y el desinte-rés. Tales premisas se condensaron en la idea del malestar mediático (Rojas, 2006). A raíz de estas indagaciones preliminares, Robinson propuso la tesis del video-malestar ( video malaise ) en 1975, señalando que la negatividad y el conflicto con los que normalmente se encuadran las noticias sobre política –especialmente en la televisión– menos-caban la confianza en los gobiernos, instituciones y sistema (Avery, 2009). Varios factores explican este efecto pernicioso en la cultura política: la alta audiencia televisiva y la mayor credibilidad que sus programas tienen para su audiencia, el aumento de la interpretación frente a la información, el énfasis en lo negativo, el conflicto y la violencia, y la predominancia de los defectos de los políticos más que de sus propuestas (Schreiber y García Luengo, 2004).Profundizando esta línea, Cappella y Jamie-son (1996) comprobaron que la predominancia del  frame  estratégico y el orientado al conflicto activan una respuesta cínica en los consumidores de tales medios, en tanto “minan la confianza del público en la política y el gobierno” (p. 72), y ge-neran menores niveles de participación cívica. La “espiral del cinismo” propuesta por estos autores asume que el encuadre estratégico, enfatizado en
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