El desarrollo tecnológico, una perspectiva social y humanista

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    El desarrollo tecnológico, una perspectiva social y humanista G ABRIELA B ERNAL C ALDERÓN  M ESA 1   2   …Hasta cierto punto nuestra inteligencia es la medida de nuestra responsabilidad, y desde el momento en que la ciencia y la tecnología fueron percibidas colectivamente, se convirtieron en la medida de la responsabilidad pública J AVIER O RDÓÑEZ   1. Introducción El término desarrollo ha evolucionado a través del tiempo, pasando desde una concepción limitada a factores económicos surgidos a partir de los intereses y condiciones de las sociedades desarrolladas de Occidente, hasta una concepción que incluye variables con un trasfondo ético y humano. Una variable común en estas concepciones es el desarrollo tecnológico, cuyo análisis, en la mayoría de los casos, se ha limitado a concebirlo como progreso tecnológico y a estudiarlo desde el impacto que la tecnología tiene en la economía de un país, restando importancia a los beneficios sociales que dicho desarrollo tecnológico aporta. El objetivo de este ensayo es precisar la relación que guardan el desarrollo, la tecnología y la sociedad. A lo largo del análisis se definirá como argumento central que la búsqueda del bienestar de las sociedades es lo que debe guiar el desarrollo tecnológico. Algunas preguntas que se atienden son las siguientes: (i) ¿Cómo puede definirse el desarrollo tecnológico para que sea acorde con los intereses de las sociedades humanas? (ii) ¿Existe realmente capacidad de decisión en las sociedades para orientar el desarrollo tecnológico en una dirección acorde con los intereses de las sociedades humanas? Los cuestionamientos anteriores plantean la idea central de este trabajo, que consiste en que el concepto de desarrollo no puede limitarse al crecimiento de objetos inanimados de conveniencia, como incrementos del PNB (o del ingreso personal), o la industrialización, o el progreso tecnológico. Si bien estos son logros importantes –a menudo cruciales- su valor debe estar relacionado con el efecto que tienen en las vidas y libertades de las personas a quienes afectan. Estas interrogantes nos llevan a la necesidad de dar un enfoque ético al estudio de la tecnología, considerando la importancia de dar a la sociedad las facultades necesarias para participar en las decisiones acerca de qué tecnología puede ser la más adecuada para ella. Nuestro análisis aportará los elementos que permitirán sentar las bases para estructurar un modelo de desarrollo en el cual la tecnología y la participación social sean el eje.   3 2. El concepto de desarrollo No es objeto de este apartado presentar una revisión exhaustiva de la evolución de la teoría de desarrollo, sino solamente dejar claro el camino por el que ha transitado el concepto, para cuya definición aun no se ha logrado un consenso. El concepto de desarrollo que ha predominado a partir de la escuela clásica liberal –representada por Adam Smith y David Ricardo- se encuentra ligado a nociones como riqueza, evolución y progreso. En la actualidad suele ser entendido ya sea como crecimiento, etapa o proceso de cambio estructural global. El desarrollo como crecimiento considera para su medición indicadores tales como el PIB, PNB o el ingreso per cápita. Perroux opina que esta noción de crecimiento presenta varias deficiencias: primero, existen problemas de medición que se incrementan en los países subdesarrollados ya que presentan amplios sectores desvinculados del sector moderno de la economía. En segundo lugar, el concepto de crecimiento oculta los efectos de la destrucción ecológica y evita discutir acerca de las condiciones reales de vida de la mayoría de la población, o acerca de la distribución de ingreso entre las distintas clases y grupos sociales. En la etapa del modelo primario exportador que vivió América Latina hasta la depresión de la década de los 30 era claro que el crecimiento beneficiaba al sector exportador moderno, generalmente controlado por capital extranjero, y que la transmisión de dicho crecimiento al resto del sistema productivo era mínima. A partir de la década de los setenta con el modelo neoliberal, esa historia se repite con el agravante de que el crecimiento es nulo. En la década de los 50, predomina la teoría universal de las cinco etapas, postulada por W. Rostow, quien precisa la corriente neo-evolucionista liberal de Estados Unidos, donde uno de los factores principales para entender el desarrollo de un país es el crecimiento económico. Sin embargo, en ninguna de estas etapas se respondían las preguntas: ¿crecimiento para qué? ¿en qué condiciones el crecimiento es provechoso? ¿para quién es provechoso el crecimiento para algunos miembros de la sociedad internacional o para todos? Ante esta tendencia surge la corriente estructuralista del desarrollo económico representada por la CEPAL, cuyos principales exponentes han sido Prebisch, Furtado y Sunkel, y que entiende el desarrollo como resultado de las relaciones estructurales entre los factores sociales, culturales, políticos y económicos de una sociedad determinada y su interacción con otras sociedades. Esta corriente, exponía a partir de la década de los 50, el modelo centro-periferia en el cual se explicaba la desigualdad estructural en las relaciones de los países capitalistas industrializados y los denominados dependientes, así como la incuestionable hegemonía de algún centro. De acuerdo con Paul Baran “La irrupción del capitalismo occidental en los hoy países subdesarrollados al precipitar con irresistible energía algunas de las condiciones básicas para el desarrollo de un sistema capitalista, bloqueó con igual fuerza el crecimiento de las otras. (…) Aunque la expansión de la circulación de mercancías, la pauperización de un gran número de campesinos y artesanos y el contacto con la técnica occidental dio un impulso al desarrollo del capitalismo, este desarrollo fue deformado y mutilado   para que se adaptase a los objetivos del imperialismo occidental”   4  El desarrollo no es únicamente un proceso de acumulación de capital y de progreso técnico como lo concibe la teoría neoclásica de crecimiento, sino un proceso de cambio social y de reorganización institucional. Para Hoff y Stiglitz, en los enfoques neoclásicos: “La repartición de las riquezas no cuenta más, desde el momento en que no se interesan más que en la eficacia. Esa es su hipótesis fuerte. Dejando de lado las instituciones, la historia y las cuestiones de la repartición, la economía neoclásica deja de lado lo que constituye el corazón mismo de la economía del desarrollo” Y así como la teoría neoclásica, deja de lado las instituciones, también se olvida de la dimensión cultural, social y antropológica del desarrollo, así como sus nexos indisolubles con el desarrollo de la democracia, entendida ésta no sólo como la acción de votar sino como proceso de participación y organización popular. El problema de desarrollo visto desde esta última perspectiva es el que proyectó la cuestión ética como una preocupación fundamental para el análisis del desarrollo. Las teorías éticas del desarrollo pretenden dar una respuesta al asunto de ¿qué debe entenderse por buen desarrollo? o ¿Qué debe entenderse como desarrollo auténticamente humano? El desarrollo, en este sentido, no constituye un fin en sí mismo: es un prerrequisito del progreso social. Amartya Sen insiste en el acercamiento a las cuestiones valorativas inherentes al desarrollo. Sen defiende la idea de que el desarrollo debe concebirse como un proceso de expansión de las libertades reales de que disfrutan los individuos. En este sentido, el hecho de centrar la atención en las libertades humanas contrasta con visiones más estrechas del desarrollo, como su identificación con el crecimiento del PNB, con el aumento del PIB, con la industrialización, con los avances tecnológicos o con la modernización social. “La libertad también depende de otros determinantes, como las instituciones sociales y económicas (por ejemplo, los servicios de educación y de atención médica), así como los derechos políticos y humanos (entre ellos, la libertad para participar en debates y escrutinios públicos) (…) La concepción del desarrollo como un proceso de expansión de las libertades fundamentales lleva a centrar la atención en los fines por los que cobra importancia el desarrollo y no sólo en algunos de los medios que desempeñan entre otras cosas, un destacado papel en el proceso”. No se trata solamente de elevar las capacidades de los hombres para incrementar la productividad de los trabajadores y acelerar la acumulación de capital, sino que dicho aumento de las capacidades debe ser un fin en sí mismo. La obtención de esos mínimos que actualmente son conocidos como derechos sociales del hombre dentro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no es el resultado del desarrollo económico, que si se deja libre en su propia dinámica, tiende a generar desigualdad y concentración de la riqueza, sino una consecuencia de la acción del Estado y la organización de la sociedad civil. Si bien el progreso social reclama un crecimiento del producto nacional y de cambios cualitativos en la estructura productiva, también requiere de la existencia de instituciones y de la acción organizada de los grupos sociales. El supuesto de que el crecimiento económico redundará, tarde o temprano, en progreso social, se está revelando como falso en nuestros días, como lo evidencian diversas experiencias históricas.   5 3. El desarrollo tecnológico La preocupación en la relación entre crecimiento económico y desarrollo tecnológico toma fuerza a partir de la segunda Guerra Mundial . Sin embargo, como comentamos en el apartado anterior, este estudio se realizaba en virtud de los efectos que provocaba en las variables consideradas importantes: crecimiento, comercio, empleo, producción etc. Pero el análisis de las condiciones que provocan el avance tecnológico y la difusión de innovaciones para luego discutir sus efectos, no se desarrolla hasta fines de la década de los cincuenta. A pesar de la preocupación srcinaria de la CEPAL por la distribución de los frutos del progreso técnico, el esfuerzo analítico no se centró en determinar la lógica del progreso técnico, sino que se equiparó con industrialización y luego se estudiaron sus consecuencias distributivas en el comercio internacional y en la conformación de estructuras nacionales. En esa corriente, las preocupaciones metodológicas giraron en torno de la crítica de la dependencia ante las consecuencias del desarrollo periférico, y en este sentido la tecnología se consideraba sólo uno de los aspectos que contribuía a la descripción. Luego, con el retorno de la agenda neoclásica, que desplazó a la corriente de la CEPAL, el papel del desarrollo tecnológico tampoco figuró entre las preocupaciones analíticas del desarrollo. Si a pesar de la preocupación que suscita la tecnología apenas encontramos filósofos, politólogos o sociólogos que conviertan a la tecnología en objeto de pensamiento, quizás se deba a que la velocidad y profundidad del proceso de transformación que la tecnología causa en las formas culturales haya opacado el “sentido de los cambios”. Esto explica nuestro interés en aquellos autores que han trabajado desde una perspectiva más amplia la metodología y el análisis del desarrollo tecnológico en las últimas décadas, como Quintanilla y Broncano , cuyo común denominador es que incorporan una dimensión humana y social en los criterios de evaluación de las tecnologías. Broncano dice que a estas dificultades habría que añadir la actitud distante y extrema de muchos intelectuales, que ven en la técnica la madre de todos los males o de todas las soluciones a los males que nos aquejan y lo precisa de la siguiente manera: “Pertenece a esta actitud externalista la consideración de la tecnología como una caja negra de la que sólo interesan los productos o las consecuencias de los productos, pero no los métodos de trabajo, la especial forma de su conocimiento, el modo en el que se articulan los factores sociológicos y económicos con los intereses estrictos de la investigación” Quintanilla introduce ciertos criterios de evaluación de las tecnologías; de acuerdo a este autor los factores que influyen en el desarrollo tecnológico pueden ser de un carácter ‘interno’ (mejora de la eficiencia de un proceso, de la duración de una máquina o de la fiabilidad de un dispositivo), o ‘externo’ (factores sociológicos, demográficos, económicos, culturales, etc). Estos criterios denominados externos se refieren al valor de la tecnología para la sociedad que pretende usarla o desarrollarla. En relación a nuestro estudio, la evaluación externa de tecnologías es esencial ya que un proyecto tecnológico puede ser económicamente factible y eficiente, y sin embargo, ser inexplicable e irrelevante para una comunidad. Las restricciones pueden ser el costo, la utilidad (o no) para los propósitos del grupo, la perturbación a la estructura social o del medio ambiente, el riesgo o el ser contrario a sus principios. Si fuera el caso de que la evaluación fuera sólo interna, el proyecto quedaría relegado a las “buenas intenciones” que nunca llegaron a ser realidad.
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