DARWINISMO Y CIENCIAS SOCIALES: UNA INTERPRETACIÓN EVOLUCIONISTA DE LA CULTURA

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  D ARWINISMO Y CIENCIAS SOCIALES: UNA INTERPRETACIÓNEVOLUCIONISTA DE LA CULTURA L AUREANO C ASTRO N OGUEIRA* L UIS C ASTRO N OGUEIRA** M IGUEL Á NGEL C ASTRO N OGUEIRA**  M IGUEL Á NGEL T ORO***ABSTRACT.  Darwin’s attempt to analyze human culture and behavior from anaturalistic point of view was not well received by most of the thinkersresponsible for the foundations of the standard model in social sciences.However, in the last years the Darwinian proposal has been taking againseriously in several disciplines trying to examine culture from an evolutionaryperspective. From these attempts the dual inheritance theory of the anthro-pologists R. Boyd and P. Richerson is the most promising in bringing togetherthe sociological explanations and the Darwinian approach. In this article, weanalyze the basic elements of their model, tracking the srcin of the conflict between their ideas and those of the father of sociology E. Durkheim. In thefinal part of the article, we criticize this model and present an alternative one based in what we have called assessor  social learning. KEY WORDS. Cultural transmission, imitation, Homo suadens, assessor, cul-tural evolution, dual inheritance theory INTRODUCCIÓN Durante este año 2009 se celebran simultáneamente el bicentenario delnacimiento de C. Darwin y el ciento cincuenta aniversario de la publica-ción de su libro El srcen de las especies . Darwin ha sido uno de los científicosmás influyentes en el desarrollo de las ciencias contemporáneas, a la alturade otras figuras señeras como I. Newton o A. Einstein. Su contribución másreconocida es, por supuesto, el concepto de selección natural , que permitióla identificación de un mecanismo no teleológico capaz de explicar lairrupción del orden y la complejidad en la naturaleza, también han sidomuy relevantes sus aportaciones al pensamiento poblacional  y la defensa deuna posición nominalista a la hora de definir el concepto de especie (Mayr * Centro Asociado de Madrid, UNED, Madrid, España. / lcan0002@enebro.pntic.mec.es /  ** Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Departamento de Sociología I, UNED, Madrid,España. / ***Departamento de Producción Animal, ETS Ingenieros Agrónomos, Madrid,España. Ludus Vitalis, vol. XVII, num. 32, 2009, pp. 281-306.  1982). Estos hallazgos, en sí mismos, son suficientes para situar a su autoren lo más alto del panteón científico universal. Sus contribuciones hanmarcado el desarrollo de innumerables áreas del conocimiento biológicocomo la microbiología, la paleontología, la genética de poblaciones, laetología, la ecología o la neurología, entre otras. Además, al contrario quela mayoría de sus contemporáneos, incluyendo al codescubridor del con-cepto de selección natural, A. R. Wallace, Darwin apostó con firmeza porla posibilidad de encontrar una explicación evolutiva para el srcen ynaturaleza de las facultades morales e intelectuales del hombre, un nuevoabordaje capaz de mostrar que el principio de selección natural es la llavepara entender la naturaleza humana, sin necesidad de recurrir a la inter-vención de principios espirituales o de reproducir, por enésima vez, lassoluciones dualistas al problema de la interacción entre materia, orden yvida. Expresado de una forma más actual, Darwin creyó posible compren-der la cultura y la organización social de las poblaciones humanas, almenos parcialmente, desde un punto de vista naturalista , es decir, a partirde la investigación de las condiciones psicobiológicas que hacen del hom- bre un ser social, un ser de cultura(s) (Castro, et al. 2008). Por ello, suinfluencia ha trascendido el campo de la biología para influenciar otroscomo la medicina, la psicología, la economía o la sociología, dotándolos deuna profundidad temporal y de una heurística nueva y poderosa. No obstante, a pesar de la fuerza que cobraron las ideas darwinistas enlas décadas siguientes a la publicación de sus dos obras más relevantes ( Elsrcen de las especies  y El srcen del hombre ), lo cierto es que el darwinismono tuvo una acogida favorable entre la mayor parte de los pensadores que,por aquel entonces, construían los cimientos de las disciplinas sociales.Más bien al contrario, la biología desplegó unas aterradoras afinidades elec-tivas que instalaron el darwinismo —más spenceriano que darwinista— enlos cenagosos territorios del racismo, el clasismo y la xenofobia. Paramuchos, esta perturbadora afinidad con los más rancios ideales del etno-centrismo occidental (victoriano, germano o de cualquier otra proceden-cia) fue razón suficiente para desestimar la consideración de la naturalezahumana como parte de la ciencia social. Sin embargo, bien considerado,el conflicto que latía en el fondo de este asunto contenía, cuando menos,dos factores añadidos.De una parte, las ciencias de la vida llegaron tarde a la constitución einstitucionalización de las disciplinas sociales. El propio concepto de se-lección natural fue muy contestado tras la muerte de Darwin, hasta elpunto de que durante un largo periodo, al que se ha denominado “ eclipsedel darwinismo”  , la mayor parte de las ideas evolucionistas se apoyaron enteorías de tipo neolamarckistas o mutacionistas y estuvieron provistas deun fuerte contenido teleológico. De hecho, la recuperación del conceptode selección natural no se produjo hasta la génesis de la moderna teoría 282 / LUDUS VITALIS / vol. XVII / num. 32 / 2009  sintética de la evolución o neodarwinismo, durante los años treinta acincuenta del pasado siglo. De otra, las ciencias sociales se vieron en lanecesidad de definir un espacio discursivo, teórico y metodológico, aca-démico y corporativo, en el que crecer e instalarse; un espacio propio, asalvo de las amenazas que otras disciplinas podían verter en contra de susintereses. La combinación de estos hechos bloqueó eficazmente, hasta hace unosaños, la comunicación entre las ciencias de la vida y las ciencias sociales.No es de extrañar, por ello, que la teoría evolutiva neodarwinista seconstruyese respetando la autonomía de la cultura frente a la biología enun claro intento de evitar conflictos académicos y, sobre todo, de hacerseperdonar la lamentable utilización ideológica del darwinismo en apoyo almovimiento eugenésico o del racismo biológico que latía en las ideas delnazismo alemán. Sin embargo, abordar el análisis de la conducta humanaasumiendo con todas sus consecuencias el srcen de nuestra especie es unimperativo que se deriva de la propia teoría evolutiva, como muy bienpercibió Darwin. En las últimas tres décadas, esta necesidad se ha concre-tado en las propuestas de diversas disciplinas evolutivas que han puestoel énfasis en el estudio de la cultura y de la conducta humanas desde unenfoque evolutivo. Nos referimos a disciplinas como la sociobiología , la ecología del comportamiento , la memética , la psicología evolucionista  y las teoríascoevolutivas de la herencia dual . De todas ellas, la psicología evolucionista  y la teoría de la herencia dual  sonlas que han elaborado las propuestas más interesantes y exitosas. La psicología evolucionista  parte del hecho de que la mente humana posee undiseño estructural y funcional, un conjunto de mecanismos neuropsicoló-gicos, que han surgido durante el proceso de hominización como instru-mento para dotarnos de respuestas adaptativas frente a problemas talescomo la selección de pareja, la adquisición del lenguaje, las relacionesfamiliares o la cooperación (Cosmides y Tooby 1989, 1992, 1994; Bus 1994,1995; Barko 1999; Tooby y Cosmides 2005). Leda Cosmides y John Tooby,los fundadores de esta disciplina, defienden que dichos mecanismos psi-cológicos condicionan, en buena parte, el tipo de rasgos culturales que semanifiestan y se transmiten en las sociedades humanas. Su objetivo noconsiste en explicar la diversidad cultural, sino en utilizarla como eviden-cia empírica que nos permita arrojar luz sobre qué clase de mecanismoscognitivos la han hecho posible. Suponen estos autores que se puededefinir una naturaleza psicobiológica, compartida en lo esencial por todoslos seres humanos, que, por ello, ha de ser compatible con la diversidadde conductas y de culturas presentes en nuestra especie. Por tanto, seoponen frontalmente al paradigma dominante en ciencias sociales, deno-minado por ellos modelo estándar  (Cosmides y Tooby 1992) según el cuallos individuos se comportan como recipientes más o menos pasivos de la CASTRO, ET AL. / CIENCIAS SOCIALES / 283  tradición cultural en la que se educan, de suerte que las acciones indivi-duales, salvo las relacionadas con fines biológicos obvios, responden amotivaciones que se encuentran en la propia cultura. La idea de naturalezahumana que maneja este modelo estándar  describe a los seres humanos,siguiendo los dictados de Locke, como una tabla rasa colonizada por lasdistintas tradiciones culturales en las que se hallan inmersos los individuos.La teoría de la herencia dual , elaborada por los antropólogos Robert Boydy Peter Richerson (1985, 2001, 2005), defiende que la cultura humanafunciona como un sistema de herencia autónomo e independiente delgenético, dotado de reglas propias de transmisión, pero al mismo tiempoconectado con él por la existencia de predisposiciones psicobiológicas,similares a las que defienden los psicólogos evolucionistas, que favorecenla propagación preferencial de determinados rasgos culturales. Estos au-tores sostienen que alguno de estos dispositivos heurísticos evoluciona-dos, que condicionan la transmisión cultural de las distintas variantes,favorece el impacto que las propias tradiciones culturales ejercen sobre laconducta de los individuos. Aunque se oponen a la visión de la culturacomo una entidad superorgánica que clona a los individuos, tal y comodefiende el modelo estándar , aceptan que la transmisión cultural existe enun sentido no meramente epifenoménico —o, por el contrario, estricta-mente adaptativo— y que desempeña un papel importante en la determi-nación de la conducta individual, en la evolución cultural de las distintassociedades humanas y en la propia dirección de la evolución biológica denuestra especie. Su análisis pretende integrar las propuestas de la psicolo-gía evolucionista pero dando cuenta de la variabilidad cultural y del poderde cada cultura para conformar de una manera específica a las personaseducadas bajo su influjo (la facticidad de lo social), ya que, aunque es ciertoque una parte de las diferencias entre sociedades obedece al hecho de viviren distintos ambientes y tiene, por tanto, un significado adaptativo, otra buena parte parece deberse a causas arbitrarias.Una de las controversias que mejor muestra el fatal divorcio entreinvestigación naturalista y ciencias sociales es la que tiene lugar en tornoa la imitación. Durante las últimas décadas, tanto en el seno de los progra-mas de investigación naturalista como en las tradiciones de investigaciónsocial, se discute intensamente acerca del papel y alcance que debe atri- buirse a la imitación  en tanto que: i) habilidad cognitiva humana presentesólo de forma rudimentaria en chimpancés y otros primates; ii) estrategiade aprendizaje evolutivamente relevante, y iii) proceso sociocultural res-ponsable de la formación y mantenimiento de las  gestalten  culturales. Lostrabajos de R. Boyd y P. Richerson acerca de las condiciones filogenéticasde la cultura como sistema de herencia (1985, 1995, 1996), de S. Blackmoresobre transmisión cultural memética (1999) o de M. Tomasello (1996, 1999)acerca del srcen evolutivo de nuestra mente, de una parte, y los de B. 284 / LUDUS VITALIS / vol. XVII / num. 32 / 2009  Latour (2005), por otra, ponen en evidencia la centralidad del conceptotanto en un campo como en el otro. Sin embargo, una consideración ajustada del papel de la imitación enlos procesos de producción y reproducción socioculturales, y, en conse-cuencia, del concepto de imitación para una teoría de la cultura, tiene quehacer frente a una doble tentación presente desde hace más de un siglo entoda indagación antropológica: de una parte, la de reducir la mecánica delaprendizaje social y de la transmisión cultural a procesos imitativos esen-cialmente reproductivos, sujetos a inexorables leyes como las que creyódescubrir bajo el influjo positivista el sociólogo G. Tarde (1890, 1898) o, deotra, a la de hacer de la imitación un fenómeno ajeno a lo dinámica culturalgenuinamente humana, una forma subsidiaria, no auténtica, infantil ydespersonalizada de aprendizaje. Comprender la dinámica de los proce-sos socioculturales exige tomar seriamente en consideración los procesosimitativos desde lo que la evidencia científica actual ha establecido consuficiente solidez, para atribuirles el papel que les corresponde y superar,hasta donde sea posible, las cuitas ideológicas que excitan el rechazo o laexaltación de la imitación como marcador ideológico de posiciones con-servadoras y progresistas (ilustradas), respectivamente.En lo que sigue, analizamos en más detalle la propuesta de Boyd yRicherson, rastreando los orígenes del conflicto entre sus ideas y las delfundador de la sociología E. Durkheim, cuya obra representa uno de losparadigmas dominantes en las ciencias sociales, identificable, en buenamedida, con el modelo estándar . Destacamos la deuda de estos autores conlas ideas de G. Tarde y, en la parte final del artículo, hacemos una críticadel concepto de imitación que utilizan en su modelo para presentar unapropuesta alternativa basada en lo que hemos denominado aprendizajesocial assessor  (Castro y Toro 2004; Castro, et al. 2008). IMITACIÓN PSICOLÓGICA Y REPRODUCCIÓN SOCIOLÓGICA: EL NACIMIENTO DE LA SOCIOLOGÍA COMO CIENCIA Nuestra naturaleza cultural es el resultado de un complejo conjunto dehabilidades cognitivas entre las que se halla, en un lugar destacado, laimitación. En contra de lo que se ha pensado habitualmente, la imitaciónes una tarea compleja y sofisticada que implica innumerables tareas y módulos cognitivos , muchos de los cuales no están disponibles a plenorendimiento hasta que alcanzamos cierta madurez orgánica, cognitiva ymotriz (Galef 1988, 1992; Henrich y McElreath 2007; Boyd y Richerson1996, 2001). Aun en el caso más elemental, la imitación humana supone laactividad coordinada de multitud de sistemas y tareas: la identificaciónsingular de los estímulos pertinentes mediante nuestro aparato percepti-vo, la atribución de sentido intencional a la acción en cuestión, el descu- CASTRO, ET AL. / CIENCIAS SOCIALES / 285
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