Artículo especial New criteria for personality disorders in DSM-V Diagnosing personality disorders in the current edition of the DSM-IV involves two central features. The

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  Actas Esp Psiquiatr 2011;39(1):1-11 1 Artículo especial E. Esbec 1 E. Echeburúa 21 Médico especialista en Medicina Legal-Forense y en Psiquiatría Psicólogo y doctor en psicología 2 CibersamFacultad de PsicologíaUniversidad del País Vasco 7 La reformulación de los trastornos de la personalidad en el DSM-V El diagnóstico de los trastornos de personalidad en la actual edición del DSM-IV implica dos aspectos centrales. El primero es el referido al concepto mismo de trastorno de la personalidad, que es definido como un patrón de conductas y de experiencias internas que está generalizado, es estable y se mantiene al menos desde la adolescencia. El segundo aspecto se refiere a la identificación de un trastorno de per-sonalidad en una lista de diez, con una categoría adicional de “no específico”. Hay muchos problemas con el sistema ac-tualmente vigente: los diferentes tipos de personalidad apa-recen definidos de una forma muy pobre y hay un gran sola-pamiento de los criterios diagnósticos. La revisión propuesta en el borrador del DSM-V resulta más bien compleja y tiene tres características principales: una nueva definición de lo que es un trastorno de personalidad, centrada en los fallos de adaptación, que implican alteraciones de la identidad o en las relaciones interpersonales efectivas; cinco categorías diagnósticas (antisocial/psicópata, evitativo, límite, obsesi-vo-compulsivo y esquizotípico); y una serie de seis dominios de personalidad, cada uno de los cuales con un subconjunto de facetas o rasgos. Este nuevo sistema propuesto para el diagnóstico de los trastornos de la personalidad puede resul-tar controvertido. Por último, se comentan los desafíos para el próximo futuro. Palabras-clave: Trastornos de la personalidad. Definición. Diagnóstico. DSM-V  Actas Esp    Psiquiatr 2011;39(1):1-11 New criteria for personality disorders in DSM-V  Diagnosing personality disorders in the current edition of the DSM-IV involves two central features. The Correspondencia:Enrique EcheburúaUniversidad del País VascoFacultad de Psicología Avda. de Tolosa, 7020018 San Sebastián (España)Correo electrónico: enrique.echeburua@ehu.es first is the concept of a personality disorder, which currently is defined as a pattern of inner experiences and behaviors that is generalized, is stable, and has been maintained at least since adolescents. The second aspect involves defining what type of personality disorder is present among a list of ten, with a catch-all “not otherwise specified category.” There are many problems with the existing system: the different personality types are poorly defined and the diagnostic criteria overlap heavily. The proposed revision on the DSM-V website appears quite complicated and has three major facets: a new definition for personality disorder, focused on “adaptive failures” involving “impaired sense of self-identity” or “failure to develop effective interpersonal functioning;” five personality types (Antisocial/Psychopathic, Avoidant, Borderline, Obsessive-Compulsive, and Schizotypal); and a series of six personality “trait domains,” each of them with a subset of facets. This new proposed system for personality disorder diagnosis may be controversial. Finally, challenges for the near future are discussed. Key words: Personality disorders. Definition. Diagnosis. DSM-V. Introducción La clasificación actual de los trastornos de la persona-lidad (TP) en el DSM-IV-TR 1  resulta insatisfactoria en mu-chos sentidos. Quedan por resolver, entre otros, problemas graves en cuanto a la definición operativa, la clasificación, la adscripción categorial o dimensional, la valoración de gra-vedad o prototipicidad, la permanencia en el Eje I o en el Eje II, la heterogeneidad en los mismos diagnósticos, la relación con los rasgos de personalidad, la comorbilidad, el punto de corte entre normalidad y anormalidad y la validación de los trastornos en estudio (depresivo, pasivo-agresivo, etc.). To-dos estos puntos exigen un nuevo planteamiento de estas anomalías.Los rasgos de personalidad son patrones persistentes de formas de percibir, relacionarse y pensar sobre el entorno y  La reformulación de los trastornos de la personalidad en el DSM-V E. Esbec, et al. 2 Actas Esp Psiquiatr 2011;39(1):1-11 8 sobre uno mismo que se ponen de manifiesto en una amplia gama de contextos sociales y personales. La personalidad constituye la identidad personal ante uno mismo y ante los demás. Los rasgos de personalidad   solo se transforman en trastornos de la personalidad   cuando son inflexibles y de-sadaptativos, omnipresentes, de inicio precoz, resistentes al cambio y cuando causan un deterioro funcional significativo o un malestar subjetivo. Hay configuraciones anómalas de la personalidad ego-sintónicas y personalidades egodistónicas. Los egosintónicos hacen sufrir; no saben ni aceptan que tienen un trastorno; tienen problemas en las relaciones interpersonales y piensan que son los demás los culpables de ello; son incapaces de mantener un trabajo estable o una relación afectiva pro-longada en el tiempo; pueden tener síntomas depresivos o ansiedad y, sin embargo, no responden a los tratamientos convencionales. Los egodistónicos, por el contrario, sufren, se sienten desgraciados y les gustaría ser de otra manera.Aunque es objeto de debate intenso, todas las clasi-ficaciones actuales de los TP exigen: 1) que el comienzo del trastorno se ubique en la infancia o en la adolescencia (inicio precoz); 2) que haya una persistencia de la conducta en el tiempo y en casi todas las situaciones (estabilidad y consistencia); y 3) que cause sufrimiento personal, proble-mas en el trabajo o dificultades en las relaciones familiares o sociales.Sin embargo, algunos TP no son tan inflexibles ni tie-nen tan mal pronóstico como se pensaba. En este sentido es interesante la diferenciación del grupo de Tyrer 2  entre pacientes de tipo R   (sin conciencia de trastorno ni motiva-ción para el cambio) y de tipo S   (con conciencia de trastor-no y motivación para la terapia), que puede ser de utilidad desde el punto de vista nosológico y que introduce una variable predictora de adherencia al tratamiento. Asimismo hay trastornos que cambian con el transcurso del tiempo. Así, por ejemplo, la prevalencia del trastorno antisocial y otros del grupo B, así como las personalidades impulsivas, disminuye con la edad, mientras que, por el contrario, au-menta sensiblemente el diagnóstico de trastornos de los grupos A y C, probablemente como consecuencia del ais-lamiento social. Controversias sobre los trastornos de la personalidad desde la publicación del DSM-III/DSM-IV  Los tipos de TP de las clasificaciones del DSM-IV y de la CIE-10 3  tienen una baja puntuación en propiedades psi-cométricas. Se perpetúan por consenso y tradición. Según Livesley 4 , la validez de la mayoría de los diagnósticos no ha sido establecida empíricamente. Tampoco han mostrado va-lidez los grupos diferenciales del DSM (conglomerados A, B y C), que parecen apoyarse más en la tradición y en el consen-so que en los datos empíricos.En cuanto a la validez interna del diagnóstico psiquiá-trico, los clínicos tienen dificultades para relacionar los cri-terios sugeridos con las características del TP y, a la inversa, el conjunto de criterios no siempre incluye aquellos rasgos que los clínicos consideran típicos de este tipo de diagnós-tico. Asimismo hay fallos en la consistencia interna hasta el punto de que el solapamiento de cuadros clínicos es exce-sivamente amplio. Por otra parte, cuando se analizan la es-tructura factorial del MCMI y las variables psicofisiológicas y neuropsicológicas, la validez de constructo en las categorías vigentes de los TP es más bien baja 5 . Los problemas con la validación externa son todavía más graves. Respecto a la validez discriminante, los estu-dios muestran que no hay posibilidad de discriminación pues normalmente aparecen diagnósticos múltiples. Y en relación con la validez propiamente externa, no hay pruebas de que los diagnósticos predigan importantes variables externas re-lacionadas con la etiología.A pesar de todos estos problemas, el modelo categorial se perpetúa debido a las estrechas relaciones entre la psi-quiatría y los modelos médicos, así como al hecho de que el funcionamiento cognitivo de los seres humanos tiende a operar con categorías a la hora de organizar la información que le llega del exterior. Sencillamente, es una cuestión de comodidad y de utilidad.  ¿Valoración categorial o dimensional de los TP? La clasificación de los trastornos de la personalidad que hacen tanto el DSM-IV-TR como la CIE-10 parte de una perspectiva categorial tradicional, cuyo antecedente se encuentra en el modelo clásico de Kurt Schneider 6 , que considera a los TP como entidades patológicas individuales y delimitadas entre sí. Es decir, cada trastorno constituye una categoría diagnóstica y se sustenta en alteraciones es-pecíficas. El juicio categorial consiste en “tener o no tener”   el trastorno y tiene la ventaja de ser más parsimonioso para conceptualizar un síndrome y para transmitir la información a otros clínicos.Con el enfoque politético del DSM-IV-TR,   una vez cum-plidos los criterios mínimos (la mitad más uno, independien-temente de cuáles sean en concreto) para el diagnóstico de un TP, se podrá llevar a cabo dicho diagnóstico. La conse-cuencia de este enfoque politético es que hay maneras muy distintas de poder cumplir, por ejemplo, los diagnósticos de trastorno antisocial o de trastorno límite de la personalidad, lo que lleva a la proliferación de numerosos subtipos 7 .  La reformulación de los trastornos de la personalidad en el DSM-V E. Esbec, et al. 3 Actas Esp Psiquiatr 2011;39(1):1-11 Pero el diagnóstico categorial en los TP tiene asociados graves problemas. Las críticas a los modelos categoriales se han resumido de la siguiente manera:   1) escaso ajuste entre pacientes y prototipos;   2) solapamiento de los crite-rios propuestos entre diversas categorías y trastornos del Eje I; 3) baja fiabilidad temporal y entre evaluadores; 4) pobre validez diagnóstica; y 5) poca utilidad para el tra-tamiento.Un acercamiento dimensional, por el contrario, ofrece diversas ventajas: 1) es sólido con la observación de lími-tes difusos entre los trastornos y la normalidad;2 ) es más acorde con la complejidad de los síndromes observados en la práctica clínica; 3) la medida dimensional se puede transfor-mar en categorial, pero no al contrario; 4) la categorización a partir de una dimensionalización permite variar los puntos de corte teniendo en cuenta las especificidades contextua-les, culturales e individuales; 5) es posible hacer análisis más finos de las características de los pacientes; 6) se facilitan al terapeuta áreas de intervención concretas; 7) se mejora la fiabilidad de la evaluación; y 8) la comorbilidad deja de ser un problema puesto que se puede definir a un individuo en función de sus características combinadas de rasgos y no de categorías.Existen pocas dudas respecto a que la adopción de un modelo dimensional podría resolver varios de los problemas que generan las categorías del DSM-IV-TR   y de la CIE-10, especialmente la heterogeneidad de las categorías, el sola-pamiento entre criterios que generan una gran comorbilidad en el Eje II (excesivos diagnósticos) y las consideración de las categorías como arbitrarias. De hecho, ya el propio DSM-IV-TR   considera posible que, al menos, el enfoque categorial se engrane con otro dimensional (modelo híbrido), como ocu-rre, por ejemplo, en el caso del retraso mental * .Este enfoque híbrido puede facilitar la evaluación de la gravedad de los TP. Así, hay trastornos de personali-dad cualitativamente más graves, como el esquizotítico, el límite o el paranoide, pero también se puede cuanti-ficar dimensionalmente, por ejemplo, el riesgo de cau-sar daño físico o psicológico 8 . Más en concreto, Tyrer y Johnson 9  establecen la siguiente graduación de mayor a menor gravedad: 1) acentuación de rasgos de la persona-lidad normal, pero sin alcanzar el diagnóstico de un TP; * DSM-IV: el enfoque diagnóstico utilizado en este manual representa la perspectiva cate-gorial de que los TP representan síndromes clínicos cualitativamente distintos. Una alter-nativa al enfoque categorial es la perspectiva dimensional de que los TP suponen variantes desadaptativas de los rasgos de personalidad que se imbrican imperceptiblemente con la normalidad y entre ellos mismos. Ha habido muchos intentos diferentes de identificar las dimensiones fundamentales que subyacen a la totalidad del campo del funcionamiento normal y patológico de la personalidad. Los grupos de los TP del DSM (p. ej., raro-excéntri-co, dramático-emocional y ansioso-temeroso) también pueden considerarse dimensiones que representan el espectro de disfunciones de la personalidad en un continuo con los trastornos mentales del Eje I. Los modelos dimensionales alternativos tienen mucho en común, y su conjunto parece cubrir los aspectos más importantes de las alteraciones de la personalidad. Su integración, utilidad clínica y las relaciones con las categorías diagnós-ticas de los TP y con diversos aspectos de la disfunción de la personalidad siguen siendo activamente investigadas… 2) trastorno simple de la personalidad, que consiste en uno o más diagnósticos de TP del mismo grupo o clúster  ; 3) trastorno complejo de la personalidad, que se refiere a dos o más TP de diferentes grupos; y 4) trastorno severo de la personalidad, que se aplica cuando además se ge-nera una grave disfunción social. ¿Tiene sentido mantener la distinción entre el Eje I y el Eje II? Según el DSM-III 10 , existían poderosas razones para in-cluir los trastornos de la personalidad en un eje indepen-diente. Los TP, al menos algunos de ellos, suelen ser egosin-tónicos; pueden constituir una predisposición para el inicio de muchos trastornos mentales; condicionan su fenomeno-logía, curso y pronóstico; son anomalías de inicio precoz; y, finalmente, tienen un carácter permanente.Sin embargo, los límites entre los trastornos del Eje I y Eje II con frecuencia son difusos. Esta co-ocurrencia (comor-bilidad) se da especialmente entre el Trastorno Esquizotípico de la Personalidad y la Esquizofrenia; entre el Trastorno Pa-ranoide de la Personalidad y el Trastorno Delirante; entre los Trastornos del Estado de Ánimo y el Trastorno por Inestabili-dad (límite); entre los Trastornos del Control de los Impulsos y el Trastorno por Impulsividad (límite); entre el Trastorno Obesivo-Compulsivo y el Trastorno Obsesivo-Compulsivo de la Personalidad; entre la Fobia Social y el Trastorno Ansioso-Evitativo de la Personalidad. Asimismo hay trastornos de an-siedad o del humor de inicio precoz absolutamente indistin-guibles de un TP, lo que plantea la posibilidad de considerar a los TP como variantes de inicio precoz de trastornos del Eje I.Tampoco ha quedado probada empíricamente la mayor estabilidad de los trastornos del Eje II frente a los síndromes más fluctuantes del Eje I. Así, hoy en día se cuenta con sufi-ciente apoyo empírico acerca de la inestabilidad de algunos rasgos de la personalidad. A la inversa, entre los trastornos mentales graves se encuentran tanto los que se presentan de forma aguda con crisis como los que son crónicos. Es más, algunos TP podrían no ser desviaciones extremas de las es-tructuras de personalidad, sino fenómenos biológico-pato-lógicos que se han montado sobre una personalidad normal y que, por tanto, pueden comportarse como la mayoría de los trastornos mentales. Por ello, se está estudiando la posi-bilidad de que algunos TP (esquizotípico, límite, entre otros) sean trasladados al Eje I 11 . En resumen, ya que no hay ninguna distinción funda-mental, la propuesta de bastantes autores es que los TP sean considerados como una más entre las diferentes clases de trastornos mentales reconocidos en las clasificaciones inter-nacionales 4 . 9  La reformulación de los trastornos de la personalidad en el DSM-V E. Esbec, et al. 4 Actas Esp Psiquiatr 2011;39(1):1-11 Propuestas de futuro (DSM-V) Propuestas concretas presentadas durante los últimos años   Hay una búsqueda actual de consenso para la valora-ción de los TP en el futuro. Las propuestas más interesantes pueden resumirse en cuatro grupos: A: Propuestas sobre un perfil dimensional de las actuales o futuras categorías. B: Reorganización dimensional de los síntomas de los TP. C: Modelos de espectro clínico. D: Integración de los TP con el funcionamiento general de la personalidad. Son muy conocidas las propuestas psicobiológicas de Eysenck 12  con sus tres factores (extraversión, neuroticismo y psicoticismo), a los que Gray 13  añade otros dos (ansiedad o susceptibilidad al castigo e impulsividad o susceptibilidad al refuerzo). A su vez, Zuckerman-Kuhlman plantean un mo-delo de cinco factores alternativos: neuroticismo-ansiedad, agresión-hostilidad, actividad, sociabilidad y búsqueda de sensaciones impulsiva no socializada. Millon 14 , que inicialmente planteó su modelo de pola-ridades y teoría evolutiva, ha formulado recientemente un espectro dimensional entre quince estilos de personalidad y quince trastornos de la personalidad. Cada dimensión incluye, en primer lugar, el  estilo   normal del prototipo o de la personalidad (por ejemplo, retraimiento) y, en segundo lugar, el prototipo o el desorden  anormal de la personalidad (por ejemplo, esquizoide). Así se construye el  diagrama circular   (véase la web   oficial de T. Millon), que representa los prototipos normales y anormales de la teoría e incluye: las polaridades dolor-placer, pasiva-activa y yo-otros; los estilos de personalidad; los trastornos de la personalidad; y, finalmente, las escalas del MCMI-III.Watson y Tellegen 15  adscriben los trastornos de la afectividad a dos disposiciones ortogonales: una bipolaridad afecto positivo/afecto negativo. El afecto positivo se define como la tendencia a experimentar emociones de valencia positiva y elevada activación (entusiasmo, excitación); en el afecto negativo están presentes las emociones de valencia negativa y de escasa activación (cansancio, tristeza). Watson, Clark y Tellegen 16  desarrollaron una medida de estas dos dimensiones con el Cuestionario de Afecto Positivo y Negativo (PANAS)  , validado en España. Posteriormente, mediante el análisis factorial, Tellegen, Watson y Clark 17  reorganizaron su teoría diseñando un modelo de tres grandes factores (emocionalidad positiva, emocionalidad negativa e inhibición), sustentados sobre una base hereditaria. El grupo de Costa y McCrae 11 , que diseñó el modelo de los cinco superfactores de personalidad (neuroticismo, extraversión, apertura, amabilidad y responsabilidad), evaluables mediante el intrumento NEO-PI-R, ha sugerido un procedimiento en cuatro pasos: 1) descripción de la estructura de la personalidad según el modelo de cinco factores del NEO-PI-R; 2) identificación de los problemas asociados; 3) significación clínica de dichos problemas; y 4) adecuación del perfil a casos prototípicos para ver si es adecuada una etiqueta diagnóstica.Livesley y Jackson 18 han propuesto la “evaluación dimen-sional de la patología de personalidad”. Tras múltiples estu-dios, los rasgos se agruparon en torno a cuatro factores: 1) disregulación emocional (neuroticismo); 2) comportamiento antisocial; 3) introversión-inhibición; y 4) compulsividad. Cloninger 19 , apoyado en su modelo de siete factores, sugiere que un TP se diagnostique según las dimensiones del carácter   (baja cooperatividad, baja auto-trascendencia y bajo autocontrol) y que sea el temperamento   (búsqueda de sensaciones, evitación del daño, dependencia de recompensa y persistencia) el que defina el tipo.Shedler y Westen 20  proponen una valoración clínica y extraen 12 factores, que han mostrado buenas correlacio-nes con el NEO, mediante la prueba SWAP-200. El SWAP-200 (the Shedler-Westen Assessment Procedure)   no es un auto-informe, sino un método para registrar sistemáticamente las observaciones de los clínicos. Este instrumento permite conceptualizar los TP como continuos, no como categorías y, además, incorpora factores intrapsíquicos y dinámicos, tales como motivos, fantasías, representaciones objetales, conflictos y defensas, mientras que el DSM enfatiza solo los síntomas manifiestos.Oldham y Skodol 21 , en relación con la valoración poli-tética, diferencian diversos niveles: 1) prototípico (cumple todos los criterios del tipo); 2) moderado (muestra uno o más criterios sobre el punto de corte); 3) umbral (cumple  justamente los criterios requeridos); 4) sub-umbral (tiene un criterio por debajo del punto de corte); 5) rasgos (muestra solo 1-3 criterios); y 6) ausente (no cumple los criterios).Respecto a los ejes diagnósticos, Siever y Davis 22  propo-nen un continuo entre los Ejes I y II, especialmente en lo que concierne a la impulsividad, la ansiedad y la distorsión cog-nitiva. En concreto, se distinguen tres dimensiones de per-sonalidad: organización cognitivo/perceptiva; inestabilidad/agresividad; y ansiedad/inhibición. Las anomalías de estas dimensiones ocurren en un continuo   en el que los extremos darán lugar a los trastornos del Eje I del DSM, mientras que las desviaciones más ligeras constituirán, al hacerse persis-tentes, la patología del Eje II, pero siempre sobre la misma base patológica (alteración de ciertos neurotransmisores).En suma, actualmente existe cierto consenso en los siguientes aspectos: 1) tienden a predominar los modelos pentafactoriales de la personalidad, sustentados en estudios genéticos, neuropsicológicos y de análisis factorial. Los más 10  La reformulación de los trastornos de la personalidad en el DSM-V E. Esbec, et al. 5 Actas Esp Psiquiatr 2011;39(1):1-11 consensuados (véase la Tabla 1) se refieren a las dimensio-nes: a) afectiva (ansiedad, neuroticismo, afecto negativo o desregulación); b) cognitiva (esquizotipia, apertura); c) ex-ploratoria (extraversión versus   inhibición o introversión); d) impulsiva ( versus   compulsiva o responsabilidad); y e) disocial (agresividad o antagonismo versus   amabilidad); 2) los TP son considerados como exageraciones de los rasgos normales de la personalidad y están condicionados genéticamente (geno-tipos), pero siempre en interacción con factores psicosociales y contextuales; 3) es más fiable la valoración dimensional de la personalidad que la categorial, pero no se descarta un mo-delo mixto que combine las tradiciones médico-psiquiátrica y psicológica; 4) es necesario valorar el grado de prototipi-cidad de las categorías diagnósticas y la severidad de los TP; 5) se requiere una valoración por parte del clínico sobre la estructura de la personalidad, la capacidad adaptativa, los aspectos estáticos y dinámicos y los problemas en las rela-ciones interpersonales en base a una descripción de dispo-siciones y conductas; y 6) los fundamentos conceptuales de la distinción entre el Eje I y el Eje II son débiles y los límites entre ambos frecuentemente son difusos. Bases del actual borrador del DSM-V (septiembre de 2010)   La APA, tras un proceso de estudio y revisión, creó un sitio web   (www.dsm5.org) para dar a conocer el borra-dor del DSM-V e invitar a efectuar críticas y propuestas a la comunidad científica. En concreto, el Grupo de Trabajo re-comienda una reconceptualización importante de la psico-patología de la personalidad como deficiencias básicas en el funcionamiento de la personalidad, como rasgos patológicos de la personalidad y como tipos prominentes de personali-dad patológica.Los TP se diagnostican siguiendo cuatro criterios: 1) identificación de cinco niveles de gravedad en el funciona-miento de la personalidad; 2) establecimiento de cinco ca-tegorías de TP (propuesta pendiente de validación empírica); 3) creación de seis dominios generales de personalidad y de 37 facetas-rasgo de personalidad más específicas; y 4) rede-finición de los TP, basada en rasgos patológicos y deficien-cias severas en los componentes básicos del funcionamiento de la personalidad. El nuevo concepto de trastorno de la personalidad  La revisión propuesta sugiere modificar el “patrón do-minante de pensar, sentir y comportarse”   (DSM-IV) por el de “fracaso en la adaptación” desde dos puntos de vista: defecto o deterioro en la identidad propia y/o fracaso en las relaciones interpersonales  . De este modo, los TP repre-sentan la incapacidad de desarrollar un sentido de identidad propia (con déficits en el autoconcepto y en el autocontrol) y de establecer unas relaciones interpersonales adaptativas en el contexto de las normas culturales del individuo y de las expectativas creadas, con alteraciones específicas en el ámbito de la empatía, de la intimidad y de la cooperación interpersonal. Esta incapacidad es estable en el tiempo y de srcen temprano. EL Eje II  Como se ha comentado anteriormente,   se van derrum-bando los supuestos sobre los que se forjó la distinción entre Ejes. Por ello, en la 163 Reunión anual de la American Psy-chiatric Association , celebrada en mayo de 2010 en Nueva Orleans, se ha propuesto suprimir los actuales Ejes II y III y Tabla 1 CORRELACIONES ENTRE FACTORES DE PERSONALIDAD SEGÚN LOS DIFERENTES MODELOS Y PROPUESTASPruebaAutor DAPP-BQLivesleyInhibiciónDisocialCompulsividadDisregulaciónNEO-PI-RCosta y McCraeExtraversiónAntagonismoResponsabilidadNeuroticismoAperturaSNAPClarkAfecto positivoAfecto negativoRestricciónAfecto negativoPSY-5Harkness y Mc NultyEmocionalidad negativaAgresividadRestricciónEmocionalidad negativaPsicoticismoMCMI-IIIMillonRepliegueAgresividadRestricciónNeuroticismoEPQEysenckExtraversiónPsicoticismoNeuroticismoZKPQZuckermanSociabilidadHostilidadImpulsividadNeuroticismoSiever y DavisInhibiciónAgresividad /impulsividadInestabilidadAfectivaCognitivoPerceptivo 11
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