(2011) ¿Tal como eramos?-Reconstrucciones, Ficciones y Diseños en la Interpretacion de las Representaciones Figurativas en las Sociedades Agrafas

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  Revista Atlántica-Mediterránea 13, pp. 97-118 BIBLID [1138-9435 (2011) 1-158] Fecha de recepción del artículo: 2-X-2011. Fecha de aceptación: 15-X-2011. ¿TAL COMO ÉRAMOS? RECONSTRUCCIONES, FICCIONES Y DISEÑOS EN LA INTERPRETACIÓN DE LAS REPRESENTACIONES FIGURATIVAS DE LAS SOCIEDADES ÁGRAFAS HOW WE WERE? RECONSTRUCTION, FICTIONS AND DESIGNS IN THE INTERPRETATION OF THE FIGURATIVE REPRESENTATIONS OF PRELITERATE SOCIETIES Trinidad ESCORIZA-MATEU (*) y Pedro V. CASTRO-MARTÍNEZ (**) *Departamento de Historia, Geografía e Historia del Arte. Universidad de Almería. Carretera de Sacramento s/n. Cañada de San Urbano. 04120. Almería. tescoriz@ual.es **Departament de Prehistòria. UniversitatAutònoma de Barcelona. Campus Universitari. 08193.Bellaterra. Pedro.Castro@uab.cat Resumen: Se reflexiona sobre el papel que las Representaciones Figurativas juegan en las prácticas político-ideológicas de las sociedades ágrafas. Se analiza el cómo y el por qué de muchas de las interpretaciones realizadas sobre estos objetos. Se advierte de su importancia en la configuración de norma y estereotipos. Se insiste en la ausencia, en muchas ocasiones, de indicadores materiales donde sustentar las propuestas. Palabras clave:  Representaciones Figurativas, Arqueoestética, Arqueología Patriarcal, Arqueología Social.  Abstract: We introduce a reflection about the role played on the political-ideological practices by Figurative Representations of societies without writing. We analysed how and why many interpretations about these objects they are as they are. We warned about his importance in the configuration of norms and stereotypes. We insist in the absence of material evidence that support many of the inferences and speculative proposals. Key words: Figurative Representations, Archaeoaesthetics, Patriarchal Archaeology, Social Archaeology.  Sumario: 1. Sobre relatos y ficciones. Lo que fuimos… lo que somos… ¿lo que tenemos que ser….?2. Cuerpos femeninos como signos representados. Lo nefasto de la utilización de la categoría de género. 3. ¿Por qué es importante el estudio de las Representaciones Figurativas en las sociedades ágrafas?4. Algunos ejemplos.4.1. Representaciones Femen inas “Paleolíticas”. 4.2. Manifestaciones Rupestres “Paleolíticas”.4.3 . ¿Diosas Madre de la Fertilidad, de la Abundancia, de la Tierra….? 4.4. Manifestaciones Rupestres Post-paleolíticas. 5. Bibliografía. En Ciudad Juárez la mujer es un ser golpeable y violable… Es una forma de ejercicio del poder  para perpetuar la domi nación sexista… Se les castiga por querer ser protagonistas de un cambio social. Hay toda una manera de pensar y actuar que castiga a las mujeres por su “naturaleza pecadora” y por su conducta insistente en querer ser independientes y aband  onar la “protección” del hombre . Manifiesto contra el Feminicidio  (Melissa W. Wright, 2010) 1. Sobre relatos y ficciones. Lo que fuimos… lo que somos… ¿lo que tenemos que ser….?   La Arqueología de las sociedades ágrafas no debería ser una historia de relatos aislados, inconexos, que narra sucesos inexplicables, calificables de fantásticos y misteriosos. Tampoco debería  ESCORIZA-MATEU, Trinidad y CASTRO-MARTÍNEZ, Pedro 98 Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 13, pp. 97-118 Universidad de Cádiz ser un “cuenta cuentos” cuyo fin fuese entretener a todo el mundo por igual, apelando al recurso de la empatía con un pasado que en muchas ocasiones se piensa idílicamente mejor. De igual forma, acceder al conocimiento de las relaciones que acontecieron entre los sexos y a las condi-ciones de vida en general de las mujeres, no debería ser objeto de tanta suspicacia y desconfianza, generando respuestas sexistas e incluso misóginas. Así mismo, el hecho de que en el pasado acontecieran prácticas sociales (económicas y/o polí-tico-ideológicas) que no se correspondan con la realidad actual, no es razón para hacerlas invisibles y/o enmascararlas, maquillándolas de simpleza, frivolidad y falta de raciocinio. Esta última circuns-tancia, no solo pretende seguir manteniendo una Arqueología esencialista, presentista, sexista y condenatoria que afirma la imposibilidad de cambiar las condiciones materiales de mujeres y hombres en el presente, bajo el argumento de que las cosas son así por “naturaleza”. También se deja entrever o se insiste en la inexistencia de otros marcos sociales alter-nativos, fruto de movimientos de resistencia ante los poderes dominantes. Pero, ¿por qué se aceptan determinadas propuestas sobre la vida social de los grupos sociales y sexuales del pasado sin contar con los datos mínimos? Enunciados como “tal como éramos…   …   somos ” o “...las cosas son así desde los orígenes de la humanidad.” son frases perversas y fatídicas, sobretodo para el colectivo femenino. ¿Por qué forzar interpretaciones como las que atribuyen determinados trabajos solo a un sexo? ¿No ha habido posibilidad de cambio a lo largo de siglos? ¿Siempre hay que imaginar hombres que hacen figurillas femeninas, decoran las paredes de las cuevas y abrigos y son los depositarios del saber y del conocimiento? Continuamente nos hallamos ante mundos masculinos…. cuando en realidad, en la mayoría de los casos no existen pruebas al respecto de que las mujeres no estuviesen, no realizaran, no contribuyesen… como tampoco de que los hombres llevasen a cabo determinado tipo de actividades. ¿De dónde proceden semejantes ideas? Y, sobretodo, ¿por qué se contemplan como “lo normal” y por lo tanto, como “lo que debió ser” ? La respuesta es obvia, en la actualidad vivimos bajo el yugo del pensamiento único y de la ideología patriarcal dominante. En este trabajo reflexionamos acerca del por qué se socializan determinadas visiones sobre la vida social de los grupos del pasado, sin existir indicadores materiales al respecto. Ya en otros lugares hemos insistido en la necesidad de meditar sobre la influencia que las investigaciones prehistóricas tienen en el mundo actual y en qué se traduce este hecho (Castro-Martínez y Escoriza-Mateu 2009). Es decir, la importancia de lo que se dice y como los discursos elaborados influyen en la creación-legitimación de normas y estereo-tipos de toda índole que actúan como g eneradores de supuestas “verdades universales”. A lo anteriormente expuesto, hay que unir esa especie de falsa democra-tización que sufre la arqueología que se socializa (se “difunde”) desde muchos sectores de la academia, y desde las administraciones públicas. La arqueología se “vende” en videos, cine, coleccionables, kits de arqueólogo/a para crios/as, exposi-ciones en museos, conferencias de divulga ción, talleres de aprendizaje…  Con ello se ha ido generando lo que denominamos el/la espectador/a que se cr ee suficientemente “entendido/a” en la materia. Cualquiera sabe algo sobre la Sabana Santa, las pirámides de Egipto, las llamadas Diosas madres, las líneas de Nasca … , pero realmente ¿qué se sabe? y, sobretodo ¿por qué se sabe lo que sabe? y ¿quiénes son los/as responsables de ese conocimiento en la mayoría de los casos de carácter sensacionalista y vendido como algo misterioso? 1  Nos han enseñado a no cuestionar la 1. En estos momentos estamos llevando a cabo investigaciones arqueológicas en la cuenca del río Nasca (Ica, Perú), que nos han puesto frente a uno de los casos más evidentes de especulaciones sobre evidencias arqueológicas. Unas Arqueologías Fantásticas que exigen un riguroso contrapunto científico, posible solamente en proyectos de investigación continuados, como los que estamos desarrollando con fondos públicos del Ministerio de Cultura (Proyectos Arqueológicos en el Exterior 2005-2012) y del Ministerio de Ciencia e Innovación (Proyecto HAR2009-12625).  ¿Tal como éramos? Reconstrucciones, ficciones y diseños en la interpretación de las representaciones figurativas de las sociedades ágrafas Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 13, pp. 97-118 99 Universidad de Cádiz realidad, a que creamos, cual acto de fe, que las cosas son así. Nos han inducido a realizar lecturas “ingenuas” y pocos/as son los/as que se han parado y reflexionado preguntándose: ¿no podrían contemplarse y explicarse las cosas de otra manera?, ¿y si aquello que se muestra como un orden natural no lo es?, ¿y si las interpretaciones que se realizan están ya previamente construidas desde lugares que ni sospechamos?, ¿y si nuestra forma de acercarnos al registro material no es la adecuada porque es fragmentaria y/o deficitaria? ¿Que sucede cuando no hay datos, ni evidencias, ni certezas?, ¿estamos dispuestos/as a asumir esta circunstancia que para algunos/as supondría el fracaso de no poder decir lo que se supone que se tiene que decir o simplemente otorga, gracias al ingenio (nunca ingenuo) srcinalidad y prestigio académico? Llegados/as a este punto y con la certeza de saber que en ocasiones las circunstancias son estas, nos preguntamos: ¿en determinados temas se está reinventando la historia del pasado? La respuesta es SI. Y es aquí, donde habría que señalar el papel crucial de la intervención de ciertos círculos intelectuales al servicio de los poderes dominantes, que son los respon-sables de desviar la atención de las cuestiones relevantes a investigar. Y es aquí también donde descubrimos, con sorpresa, como esa supuesta democrati-zación en la posesión de información (“difusión”) induce a que algunos sectores sociales sientan cierta tranquilidad y complacencia pensando que las cosas desde siempre son de una determinada manera y no de otra. Así, se llega incluso a aceptar, con cierta resignación (que habría que calificar como alienación) lo que por naturaleza tuvo que ser, como se pretende hacer creer sucedió con las condiciones materiales del colectivo femenino en el pasado. Como señala Chomsky (Chomsky 2003, Chomsky y Ramonet 2008) la clave del éxito de estas situaciones reside en generar previamente estrategias para alienar-distraer a los agentes sociales de lo que realmente es crucial. En lo que nos atañe, por ejemplo, no profundizar en el conoci-miento de la división sexual del trabajo, averiguar la existencia o no de mecanismos de explotación, o de signos de violencia contra las mujeres... Contrariamente, el interés de la investigación se enfoca en temas secundarios, como puede ser el análisis de los vestidos, adornos y peinados femeninos. O bien, se abordan temas de interés de una manera incorrecta-incompleta, como considerar el trabajo humano exclusivamente desde el punto de vista simbólico y/o no reconocerlo como tal. Todo ello, además, aderezado por una total ausencia de sentido crítico que conduce a fomentar los valores más tradicionales y conservadores. En el caso de nuestra disciplina: familismo, religión primitiva, hegemonía masculina y/o sexismo. Al mismo tiempo, se refuerzan los estereotipos ya existentes e imprescindibles para la continuidad de los órdenes sociales dominantes en la actua- lidad (las mujeres son…, deben ser…,  por naturaleza…) . Podemos señalar también el desmesu-rado uso del componente emocional-cognitivo por parte de determinadas propuestas arqueológicas, como sucede con las denominadas Arqueología del Género, que llegan a afirmar la posibilidad de recurrir a la empatía para acceder al conocimiento de determinadas prácticas sociales del pasado. Una suposición que conlleva renunciar explícitamente a realizar un análisis racional y científico. La ecuación es simple, a priori se fijan ideas y pautas de conducta en relación a mujeres y hombres, que con posterioridad no son contrastadas. Así, se llega a afirmar que los objetos nos acercan a las manos, gestos y pensamientos de las mujeres del pasado. E incluso que es fácil imaginar como fueron las mujeres las responsables de los espacios domésticos desde los orígenes de la humanidad (Escoriza-Mateu 2007b). En definitiva, desde el presente se fabrican historias tendentes a reconducir el pensamiento de los sujetos sociales en temas que se suponen deben ser de interés general. Así, incluso se induce a incorporar al lenguaje coloquial términos que conllevan conceptos dictados por la ideología dominante, como ocurre con “Patrimonio Histórico” (herencia del  ESCORIZA-MATEU, Trinidad y CASTRO-MARTÍNEZ, Pedro 100 Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 13, pp. 97-118 Universidad de Cádiz “padre”), “Bien de Interés Cultural” o “Difusión Cultural” (¿de qué “cultura”?), “Puesta en Valor” (mercantil)…. El “público” al que se dirige la “herencia”, el “interés”, la “difusión” o “el valor”, se da por hecho que consiste en espectadores/as en disposición de consumir “cultura”, a la que se presupone un “valor” económico que se busca rentabilizar en el llamado Turismo “Cultural”. Sin embargo, en realidad solo se adquiere un conocimiento fragmentario, en la mayoría de las ocasiones entretejido desde las redes del Capitalismo y el Patriarcado. En este sentido, el protagonismo de los medios de comunicación es crucial, controlando la información que es conveniente sea de dominio general, para promover lo que debe ser de “interés” - “valor”. O bien llegado el caso, desinformando y generando el consabido “ruido”, cuyo fin no es otro que distraer y generar opinión interesada y apartada de lo importante para la vida real de las mujeres y los hombres, y en algunos casos, aplacando y calmando insatisfacciones encubiertas. También, habría que reflexionar sobre ese supuesto principio moral esgrimido entre ciertos intelectuales (en masculino), que se dicen “de izquierdas”, acerca de que el conocimiento que se genera debe ser siempre compartido y socializado. Ahora bien, ¿por qué se olvida y/o se frivoliza casi siempre con el colectivo femenino en esa intención?, ¿quién decide qué contenidos debe tener la información que se difunde?, ¿es una información mediatizada? A lo anteriormente expuesto habría que añadir el cada vez mayor rechazo hacia las aportaciones que proceden de un pensamiento materialista y feminista, circunstancia esta que debería hacernos reflexionar más detenidamente hacia dónde se dirigen los estudios históricos en general en estos momentos. En los salones académicos la situación no pinta mejor. Así, muchas de las “recreaciones” sobre el pasado y la historia están basadas en ideologías sumergidas en actitudes nihilistas, sexistas y oportunistas, alejadas casi siempre del conocimiento de la realidad que pretenden abordar. Ideologías constructoras de lugares presentados como anodinos, felices o tenebrosos, en los que se pretende reubicar a las mujeres y a los hombres del pasado. Ideologías feroces y formalizadas como programas de investigación arqueológica, o débiles, relativistas y escapistas, promovidas en discursos y sugerencias de lo que sería idílico alcanzar y mostrar como socialmente relevante. Discursos que casi siempre olvidan que el Patriarcado es un fiel aliado del Capitalismo. Y si bien el Capital aún no ha colonizado plenamente la esfera de la reproducción biológica, sabe de la importancia del control de la misma para su continuidad, ya que engendra la futura fuerza de trabajo, si bien bajo relaciones de dominio y explotación patriarcales. Propuestas que obvian que la Arqueología de las sociedades ágrafas juega un especial protagonismo, ofreciendo normas que se pretenden universales y compartidas. Por ello tendría que quedar claro que, para el colectivo femenino, los problemas de dominio y explotación no terminarían si desaparecieran las formas capitalistas actuales, es necesario también la abolición de las relaciones sociales patriarcales. En este marco, sólo algunos estudios partiendo de planteamientos materialistas, de posiciones críticas y, no cabe duda, de aportaciones feministas, han empezado a ahondar en la verdadera historia social de mujeres y hombres. En relación a todas estas políticas de obviar, ocultar y despistar que impregnan una gran parte de los discursos arqueológicos, podemos retomar las palabras de Graeber (2011: 12): … han convertido gran parte del debate intelectual en una parodia de la política sectaria, en la que todos se esfuerzan por caricaturizar los argumentos del otro no solo para mostrar los erróneos que son, sino sobre todo lo malévolos y peligrosos que pueden llegar a ser. Y todo ello cuando las discusiones que se plantean se sirven de un lenguaje tan hermético que solo quienes se hayan podido permitir siete años de estudios superiores podrán tener acceso a ellas. Parece que hubiésemos olvidado que la Arqueología es una disciplina científica con unos límites más que evidentes. Por esta razón, debemos tener claro lo que  ¿Tal como éramos? Reconstrucciones, ficciones y diseños en la interpretación de las representaciones figurativas de las sociedades ágrafas Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 13, pp. 97-118 101 Universidad de Cádiz afirmamos y como y en qué se sustentan tales aseveraciones, e incluso llegado el caso, denunciar el uso de metodologías erróneas y poco veraces. Todo lo que se dice en relación al pasado tiene un peso y una influencia crucial en el presente, es más, es necesario para la reproducción del presente actual. Ahora bien, a veces olvidamos que lo realmente importante es tomar conciencia y avanzar en el camino de lo mucho que aún resta por hacer desde una Arqueología Social, tanto en el pasado como en el presente. Y es en este punto donde también se produce la escisión entre las llamadas Arqueologías del Género y las propuestas materialistas feministas, opciones políticas que demarcan intereses diametralmente opuestos, aunque en ocasiones, se intente hacer ver lo contrario. 2. Cuerpos femeninos como signos representados. Lo nefasto de la utilización de la categoría de género Lamentablemente, las Arqueologías del Género, si bien han pretendido visibilizar al colectivo femenino, han errado en algo fundamental: no cuestionar ni el cómo, por qué y para qué de las categorías y conceptos estigmatizadores construidos y utilizados en relación a las mujeres, tanto en las sociedades patriarcales del pasado como en el presente. Sólo algunos Femi-nismos Materialistas se han detenido a reflexionar sobre ciertas prácticas sociales elevadas a la categoría de lo universal/natural por la ideología domi-nante. Nos referimos a planteamientos hace tiempo denunciados como: la suposición de la maternidad como un estado siempre deseado por las mujeres, el olvido de los trabajos de mantenimiento y cuidados a cargo de las mujeres, la negación del carácter económico de los trabajos domésticos, la aceptación de la sumisión femenina, el mirar a otro lado ante indicadores de violencia contra las mujeres o el mito de la prostitución femenina desde los orígenes. Un aspecto importante asociado a la construcción de muchas de las mitifica-ciones apuntadas, es que ciertas prácticas sociales y conductas consideradas como naturales (desde “los orígenes”), se piensan así porque la etnografía las ha reconocido en sociedades ágrafas actuales. Sin embargo, se da la circunstancia de que en la mayoría de los casos no existen (o no se han sabido encontrar) indicadores mate-riales para verificar su existencia arqueológicamente. Así, en ocasiones aprovechando el vacío de evidencia empí-rica, se ha falseando la realidad de las mujeres en el pasado, aplicando un modelo patriarcal, neoliberal y violento propio de la sociedad actual. A los “mitos” antes indicados, podríamos añadir los modelos que contemplan a las mujeres del pasado inmersas en relaciones sociales donde existiría una supuesta división sexual del trabajo que las determina desde el principio de sus vidas. E incluso continuar con la negación del reconocimiento de que el hecho de dar vida es también una actividad económica de la que se beneficia toda la sociedad. Para reforzar ese supuesto “ideario de lo femenino” se han vertido interpre -taciones interesadas sobre muchas Representaciones Figurativas procedentes del pasado. Ello ha derivado en la construcción de marcadores de identidad femenina fundamentados en la presencia de signos erróneamente traducidos a ciertos supuestos significados. Así, nos reencontramos de nuevo con los presupuestos del deseo maternal, de las mujeres siempre como cuidadoras, de las mujeres como piezas clave de la estabilidad de la familia y el hogar… (Escoriza-Mateu y Castro-Martínez 2009). En las especula-ciones y presupuestos mencionados el uso y abuso del concepto de género ha sido más que evidente. Aunque hay que señalar la escasa utilidad que este concepto presenta en una disciplina como la nuestra. No olvidemos que se trata de un “añadido” oscilante y cambiante a través del tiempo, sin una clara referencia en lo empírico, y con cuya utilización se contribuye a generar la exclusión de los colectivos sexuales. Además, el concepto de género, al igual que el de identidad, coloca a los sujetos sociales en lugares diametralmente opuestos, contribuyendo de esta forma a distanciarlos (Escoriza-Mateu 2006). Por lo tanto, la categoría de género no es útil para aprehender lo material (en nuestro caso las Representaciones Figu-
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