La Florida del Inca en los orígenes de las ‘narraciones de cautiverio’ americanas

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  “POSSIDE SAPIENTIAM”. ACTAS DEL VI CONGRESO INTERNACIONAL JÓVENES INVESTIGADORES SIGLO DE ORO (JISO 2016) Carlos Mata Induráin y Sara Santa Aguilar (eds.) BIADIG  | BIBLIOTECA ÁUREA DIGITAL DEL GRISO  | 38   Publicado en: Carlos Mata Induráin y Sara Santa Aguilar (eds.), «Posside sapientiam». Actas del VI Congreso Internacional Jóvenes Investigadores Siglo de Oro (JISO 2016) , Pamplona, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2017, pp. 59-70. Colección BIADIG (Bi-blioteca Áurea Digital), 38 / Publicaciones Digitales del GRISO. ISBN: 978-84-8081-546-8.   LA FLORIDA DEL INCA  EN LOS ORÍGENES DE LAS «NARRACIONES DE CAUTIVERIO» AMERICANAS ∗    José Manuel Correoso Rodenas Universidad de Castilla-La Mancha Grupo de Investigación « Estudios Interdisciplinares en Literatura y Arte  »  LyA El año 2016 ha sido uno de los más complejos y completos en lo que ha efemérides se refiere. Junto a fechas tan destacadas y recorda-das como el cuatrocientos aniversario de las muertes de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, otros hechos destacables han me-recido ser incluidos en el calendario de las celebraciones académicas. Algunos de ellos han sido los centenarios de las muertes de Henry  James o Jack London, el bicentenario de la de Hugh Henry Bracken-ridge o, en las letras españolas, el centenario del nacimiento de nues-tro Premio Nobel Camilo José Cela. En 2016 también se conmemo-ra el cuarto centenario de la muerte de otro gran escritor, Gómez Suárez de Figueroa, conocido como el Inca Garcilaso de la Vega, una figura clave para entender la vida cultural de la Córdoba del Siglo de Oro 1 . Allí se codeó con figuras tan relevantes de las Letras y ∗  Este estudio ha sido posible, en parte, gracias a la ayuda de la Beca para la Formación del Personal Investigador concedida por el Vicerrectorado de Investiga-ción de la Universidad de Castilla-La Mancha (convocatoria de 2014). 1  Algunos estudiosos, como Carmen Bernand, apuntan a una admiración por parte de este círculo intelectual andaluz: «Su correspondencia con el epigrafista Juan Fernández Franco, relacionado con varios eruditos de Andalucía como Ambrosio de Morales, Ginés de Sepúlveda, Argote de Molina y Pablo de Céspedes, muestra el respeto que esos humanistas sentían por el Inca, el cual menciona especialmente a  60 JOSÉ MANUEL CORREOSO RODENAS de las Artes como Luis de Góngora y Argote o Pablo de Céspedes, entrando a formar parte, pese a su srcen mestizo, de la alta sociedad cordobesa de su época. Símbolo de esto es su escudo de armas o su enterramiento en la catedral de la ciudad. Entre sus obras, quizá las que han recibido una mayor atención por parte de la crítica hayan sido sus Comentarios Reales de los Incas  (1609) o su póstuma Historia General del Perú  (1617) 2 . En ambas, lo que se busca es el ennoblecimiento de su propia estirpe, descendiente los emperadores precolombinos del Perú. También, su traducción de los Diálogos del Amor   de León Hebreo (1590) cosechó la alabanza de sus contemporáneos, entre ellos Miguel de Cervantes. Este estudio por su parte, se centrará en la tercera gran obra del Inca, su Florida del Inca (1605). Comparativamente hablando, esta narración ha acapara-do un volumen menor de atención con respecto a las dos anteriores, quizá por su carácter menos trascendente y reivindicativo 3 . En el ámbito norteamericano, sí que se ha venido utilizando a lo largo de todo el siglo xx  como recurso para trazar el hipotético itinerario que la expedición de Hernando de Soto habría seguido entre 1539 y 1543. Más allá de su validez e importancia como documento históri-co 4 , La Florida del Inca presenta ciertas características que la sitúan en los albores de la narrativa (o, incluso, como apunta Benjamin Allen, la novelística 5 ) moderna. Más allá de una crónica o de un documento propagandístico para afianzar la presencia de la Corona Española en Morales, maestro de Fernández Franco, revelando así la amistad que lo unía al gran anticuario “que me adoptó por hijo y tomó por suyos mis trabajos y se lo llevó Dios cuando más lo hube menester”» (Bernand, 2016, pp. 33-34). 2  A este respecto, es muy interesante la orden dada al Virrey de Buenos Aires en 1782 para confiscar los ejemplares que se encontrasen de la Historia General del Perú , por considerarla una obra subversiva que ha provocado «abusos de que están poseí-dos en lo común los indios del Reino del Perú, y de esas Provincias del Río de la Plata, y de ellos han nacido sus costumbres detestables en muchas cosas, mirando siempre a conservar la memoria de sus antiguos gentiles» (documento custodiado en el Archivo de Indias y recogido en de los Reyes Gómez, 2000, pp. 1110-1111). 3  Notables excepciones serían los estudios de Raquel Chang-Rodríguez ( Fran-queando fronteras. Garcilaso de la Vega y «La Florida del Inca» ) o Patricia Kay Galloway ( The Hernando de Soto Expedition: History, Historiography, and «Discovery» in the Sout-heast  ). 4  No debe olvidarse que Suárez de Figueroa usa como fuente el testimonio de Gonzalo Silvestre, superviviente de la expedición de Hernando de Soto. 5  «There is some indication that captivity narratives like that of Cabeza de Vaca may have led to Cervantes’ invention of the modern novel» (Allen, 2008, p. 193).  « LA FLORIDA DEL INCA  EN LOS ORÍGENES… »  61 Florida, la inclusión de la «narración de Juan Ortiz» hace de este texto un adalid de la Modernidad. Como el lector sabrá, este episo-dio ocupa los capítulos II al VII de la primera parte del libro II y en él se narran las desventuras de Juan Ortiz, superviviente de la expedi-ción previa de Pánfilo de Narváez (1528-1536), que había sido hecho preso durante once años por dos pueblos nativos norteameri-canos. Las narraciones de cautiverio fue un género que floreció, espe-cialmente, en las colonias de Norteamérica durante los siglos xvii  y xviii , sirviendo como testimonios de primera mano acerca de la vida en las poblaciones fronterizas de lugares como Pensilvania o Massa-chusetts 6 . Este género acabaría sobreviviendo hasta bien entrado el siglo xix , aunque con muchas variaciones estructurales 7 , implicando a autores tan reconocidos como James Fenimore Cooper (1798-1851) o William Gilmore Simms (1806-1870). Quizá, la más famosa de todas ellas sea la narración de Mrs. Mary Rowlandson The Sove-reignty and Goodnes of God   (1682), en la que se cuenta su secuestro por parte de los nativos durante once semanas y cinco días, así como la muerte y entierro de su hijo recién nacido durante su cautividad. La inmensa mayoría de las producciones pertenecientes a las narra-ciones de cautiverio siguen un esquema muy parecido, que se articu-la en torno a tres puntos principales: la separación, la iniciación y el regreso. La primera de estas fases comprende el momento en que el cautivo es secuestrado y separado de su familia y/o comunidad. Este suele ser el pasaje más traumático de toda la narración, pues condensa una gran amplitud emocional y una gran agilidad en lo que a la ac-ción se refiere 8 . La segunda fase, la de iniciación, suele darse unos 6  Phillips D. Carleton, en su artículo «The Indian Capitivity», apunta a una equiparación, en lo que a importancia histórica se refiere, entre las narraciones de cautiverio y las sagas escandinavas: «Like Iceland, the United States is fortunate in having a body of narratives that cover the periods of her settlement in new lands and the violence that attended that settlement. The Icelandic sagas —narratives formed through the years by great story-tellers, passing from mouth to mouth by oral tradition— have attained in their written form a world renown. Our Indian captivities are known mostly to historians and anthropologists and collectors of Americana» (Carleton, 1943, p. 169). 7  Como apunta Roy Harvey Pearce (1947), quien incluso habla de las falsas na-rraciones de cautiverio, aquellas nacidas directamente con un propósito ficticio. 8  Por ejemplo, recuérdese el comienzo de la obra de Mary Rowlandson: «On the tenth of February 1675, came the Indians   with great numbers upon Lancaster   :
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