Desde la clínica de fertilidad. Alianzas reproductivas, madres jubileas y bebés probeta

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Este artículo comienza abordando el discurso producido en torno a la tecnología de la reproducción asistida. A partir de los textos emitidos por la clínica de fertilidad, se pretende comprender el papel actual de los tratamientos reproductivos y

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  D ESDE   LA    CLÍNICA    DE   FERTILIDAD :  ALIANZAS   REPRODUCTIVAS , MADRES    JUBILEAS    Y    BEBÉS   PROBETA    From the fertility clinic: reproductive alliances, jubilee mothers and test tube  babies R   AQUEL  T  ARANILLA    U  NIVERSITAT  O BERTA    DE  C  ATALUNYA   (E SPAÑA  ) rtaranilla@uoc.edu   Es licenciada en Derecho y doctora en Filología Española por la Universidad de Barcelona. Ha impartido clase en la Universidad de Barcelona, en la Escuela Judicial de España, en la Universitat Oberta de Catalunya y en la Universidad Hamad bin Khalifa. Se dedica a investigar las prácticas comunicativas de las instituciones públicas. Es autora de  La justicia narrante   (2012) y  Mi cuerpo también  (2015). R  ECIBIDO : 8 DE    JULIO   DE  2017 R  ESUMEN : Este artículo comienza abordando el discurso producido en torno a la tecnología de la reproducción asistida. A partir de los textos emitidos por la clínica de fertilidad, se pretende comprender el papel actual de los tratamientos reproductivos y plantear, yendo más allá de las críticas que generan, en qué han ayudado a derribar estereotipos muy establecidos. En primer lugar, la generalización de las tecnologías de reproducción asistida ha acabado con el relato  hegemónico sobre la concepción humana (en el que un espermatozoide poderoso logra conquistar un óvulo e iniciar una vida nueva). En segundo lugar, la clínica de fertilidad obliga a entender la reproducción humana como una tarea colectiva, en la que se generan relaciones fructíferas. En tercer lugar, también hace emerger nuevas subjetividades ligadas a la maternidad/paternidad y la filiación, que consiguen desestabilizar ciertas identidades de  género y de familia que han sido privilegiadas hasta ahora. A modo de ejemplo de nueva subjetividad, se propone la  maternidad jubilea  , en cuya fusión de cuerpo y tecnología queda cuestionada con éxito la construcción social de la esterilidad. P  ALABRAS   CLAVE : clínica de fertilidad, tecnología de reproducción asistida, maternidad, filiación, subjetividad, discurso de la medicina.    A  CEPTADO : 1 DE    NOVIEMBRE   DE  2017  A  BSTRACT : This article addresses the discourse of assisted reproduction technology. By analyzing texts produced by fertility clinics, the aim is to describe the current role of reproductive treatments and to consider their benefits in undermining well-established stereotypes. First, the increase in the use of assisted reproductive technologies breaks down the hegemonic narrative of human conception (in which the powerful sperm conquers the egg to start a new life). Second, in fertility clinic human reproduction should be considered a collective task, in which fruitful relationships are developed. Third, assisted reproductive technology fosters the emergence of new subjectivities linked to motherhood/fatherhood and filiation, which destabilize  prevailing gender and family identities. As an example of a new subjectivity,   jubilee motherhood   is proposed. The fusion of body and technology in it challenges the social construction of infertility. K  EYWORDS : fertility clinic, assisted reproductive technology, motherhood, filiation, subjectivity, medical discourse. Raquel Taranilla. “Desde la clínica de fertilidad: alianzas reproductivas, madres jubileas y bebés probeta”.  Kamchatka. Revista de análisis cultural   10 (Diciembre 2017): 107-127. DOI: 10.7203/KAM. 10.10523 ISSN: 2340-1869  Raquel Taranilla.  Desde la clínica de fertilidad… 1. L  A    REPRODUCCIÓN   HUMANA  : FIN   DEL   RELATO   ÚNICO   En julio de 1978, en el Hospital General de Oldham, llegaba al mundo mediante cesárea Louise Brown, la que fuera llamada en los medios de comunicación “el bebé del siglo” por ser el  primer ser humano concebido gracias a una técnica de fertilización en el laboratorio, en el seno de una placa de Petri y no en el interior del útero materno. La viabilidad de la primera niña probeta    daba carta de naturaleza en la historia de la procreación humana a la oposición in vivo  - in vitro , para aludir al distinto srcen que puede tener un embrión. Desde esa fecha las Técnicas de Reproducción  Asistida (TRA) se han generalizado hasta el punto de que actualmente el número total de personas concebidas de forma artificial supera los siete millones en todo el mundo (Paulson et al. ,   2017). Más allá de sus repercusiones de tipo biológico, social y demográfico, o de sus implicaciones éticas, el fin de la unidad en las formas de fecundación ha vuelto imposible seguir manteniendo un relato único que dé cuenta satisfactoria de la concepción humana (Weil, 2011): la idea tradicional según la cual un  hombre y una mujer mantienen una relación sexual en la que un espermatozoide logra abrirse camino a través del útero y fecundar un óvulo se ha revelado insuficiente para dar cuenta apropiada del srcen de todos los seres humanos, algo que fuerza a ampliar el espectro de narrativas sobre la reproducción de nuestra especie. En su inicio, las TRA levantaron críticas y suspicacias no solo en los sectores conservadores y religiosos, sino también desde posicionamientos feministas radicales, que vieron en la fecundación  gestionada y ejecutada por la clínica una herramienta de las políticas pronatalistas y una forma de sofisticar técnicamente el sometimiento de la mujer a su dimensión reproductiva y materna, así como de perpetuar el papel que le asignaba la maquinaria capitalista. Y, sin embargo, con el paso de los 1 años se ha hecho innegable que la transformación epistemológica a la que ha ido conduciendo esa tecnología ha abierto fisuras en la arquitectura ideológica sobre la procreación de la vida que desgarran los relatos de la reproducción justamente allí donde los estudios de género habían señalado que el discurso científico aprehende y revalida estereotipos clásicamente vinculados a lo femenino y a lo masculino (Martin, 1991; Moore, 2007: 63). En efecto, quedó patente que las construcciones culturales sobre los géneros tienen un calado hondo en la narrativa médica y esta, a su vez, se traslada al relato común, divulgado, sobre la reproducción. El mito del óvulo (el gameto femenino) es que es una célula pasiva, estática, desvalida, a la espera de ser fecundada, mientras que el espermatozoide (el  gameto masculino) se caracteriza por ser activo, móvil, viajero, competidor, penetrante, potente y conquistador. Muy rara vez esa caracterización hegemónica ha sido contrariada por propuestas alternativas (Martin, 1991: 492-494): solo puntualmente el óvulo se ha presentado como un foco de atracción del espermatozoide, que, librado a su suerte en el útero, queda atrapado por aquel de manera agresiva; y tampoco ha prosperado un relato de tendencia conciliadora, en el que los dos  gametos constituyen una pareja mutuamente activa, cuya comunicación traza un puente que acaba  generando una vida nueva. Para una historia de las posturas distintas (y a menudo antitéticas) que adoptó el feminismo ante el surgimiento y la 1  generalización de las TRA, véase Thompson (2002a). K AMCHATKA  10 ( DICIEMBRE  2017): 107-127 108  Raquel Taranilla.  Desde la clínica de fertilidad… En realidad, la resistencia de las representaciones clásicas de la reproducción solo empezó a ser minada cuando se combinaron dos transformaciones cruciales del final del siglo XX: la revolución médico-tecnológica y social que han supuesto las TRA, por un lado, y el surgimiento de nuevos modelos familiares (tanto de familias monoparentales como de familias homoparentales), por el otro lado. Esa doble innovación ha abierto rutas nuevas hacia la procreación, lo que ha generado, como consecuencia, conceptos nuevos que han incorporado componentes narrativos específicos y han revolucionado, al mismo tiempo, los ingredientes clásicos en la ideología de la reproducción. Su análisis proporciona claves únicas acerca de algunas de las nuevas formas de subjetividad del ser  humano, primeramente, en relación con el modo en que los humanos nos comprendemos en tanto que seres pro-creadores (algo que abarca, como se verá, procedimientos que van más allá de nuestra existencia paternal o maternal) y, en segundo lugar, en relación con nuestra dimensión de seres pro-creados (esto es, en términos de nuestra filiación). Este artículo parte de abordar el discurso producido en torno a la reproducción asistida y, en  particular, analiza algunos textos emitidos en el contexto de la clínica de fertilidad, instancia de intervención privilegiada de las TRA. Asimismo, se emplean en él otras producciones culturales cuyo análisis permite comprender el papel actual de los tratamientos reproductivos. Se determina, para empezar, el modo como la clínica dota de sentido a su misión reproductiva y cómo su ideología es integrada en las representaciones que elaboran sus pacientes (apartado 2). A fin de ser completa, esa descripción debe incluir algunas de las críticas más actuales a la tecnología de la reproducción artificial y las sombras que la rodean, pues nos imponen la obligación de pensar permanentemente los límites que han de tener sus intervenciones, a la vez que la necesidad de resignificar sus prácticas y sus efectos sobre el mundo. Con todo, aquí se va a defender que no es conveniente seguir manteniendo una visión condenatoria y apocalíptica de las TRA. Es necesario tener en cuenta tanto su implantación globalizada como los beneficios evidentes que procura, y plantear sin prejuicios ni supersticiones la convergencia entre la ciencia y la biología, la técnica y el cuerpo humano. Es más,  hay que saludar que las TRA se hayan convertido en el epicentro desde el que se han agitado definitivamente los cimientos de las explicaciones consagradas sobre la procreación de la vida. El poder transformador de la fecundación médicamente asistida nace de constatar en la práctica que la reproducción de los seres humanos no puede ser entendida nunca más como un proceso monolítico. No es posible orillar el srcen artificial de cada vez más seres humanos, o contemplarlo como una génesis bastarda, en tanto que recurso secundario a una fórmula deshumanizada que ha inventado la medicina para aquellos que no pueden concebir mediante el coito heterosexual. Aunque es cierto que muchos de quienes acuden a la clínica de fertilidad lo hacen a raíz de un problema de infertilidad, el hecho es que ese motivo no agota las posibilidades de la ciencia de la reproducción, que con el paso del tiempo se vuelven más diversas. En ese sentido, la cópula entre hombre y mujer, el  gran tótem de la ideología tradicional sobre la reproducción, se viene abajo definitivamente al  generalizarse las TRA. Con ellas la procreación humana pasa a ser producto de una acción colectiva, de la labor conjunta de agentes diversos que coinciden y coordinan sus tareas en la clínica de fertilidad (apartado 3). Esa comunidad reproductiva responde, como se expondrá, al cambio de paradigma que K AMCHATKA  10 ( DICIEMBRE  2017): 107-127 109  Raquel Taranilla.  Desde la clínica de fertilidad… supone que los seres humanos de la actualidad desarrollen su vida como una organización en forma de red, y que operen interrelacionados entre sí y con la técnica. El calado de tal transformación es  profundo y ha penetrado en la vida hasta alcanzar y traspasar la concepción del embrión, instante  biológico srcinal. Reconocer que la procreación tiene los perfiles abiertos, permeables, permite atender además a la emergencia de nuevas subjetividades ligadas a la maternidad/paternidad y la filiación, que contribuyen a echar por tierra identidades privilegiadas hasta ahora y, a su vez, encarnan modelos de ruptura afirmativa, de no asimilación a los moldes recibidos y de invención constructiva y  vitalista del yo. Las TRA propician la creación individual de imágenes poderosas, de formas luminosas de repensar nuestra naturaleza procreada y procreadora. A modo de ejemplo, se propone aquí la irrupción de una “maternidad jubilea”, que rompe la dicotomía aborrecible entre mujeres fértiles y mujeres estériles (apartado 4). Se ha escrito mucho sobre la medicalización de la reproducción humana, sobre cómo en el último siglo el razonamiento y la práctica médica se han ido apropiando de la gestación (por citar solo algunos nombres, Barker, 1998; Rúdólfsdóttir, 2000; Parry, 2006), del parto (Oakley, 1984; Rothman, 1991; Zwelling, 2008; Brubaker y Dillaway, 2009) y de los primeros cuidados del recién nacido (Wallace y Chason, 2007). Si bien se entiende que el control del embarazo y del parto ha supuesto un cambio revolucionario en la forma de vida humana que es fundamental para comprender el mundo contemporáneo (Boltanski, 2004), en general también se suele criticar la patologización excesiva de la reproducción, así como el sometimiento de las mujeres gestantes al dictado de los  protocolos de la clínica con relación al modo adecuado de traer bebés al mundo. Igualmente, se ha  puesto de relieve que la medicina no tiene límite a la hora de ampliar sus competencias, que se han extendido a la planificación familiar, haciéndose con el control de los medios de anticoncepción, el control de la natalidad, la preservación de la fertilidad, la interrupción del embarazo, etc. Dado que en  pocos años las TRA han adquirido el estatus de recursos decisivos de la configuración de individuos y familias, también se han convertido en objeto de análisis desde la crítica de género y los estudios en  biopolítica, que han detectado en la tecnificación de la procreación un instrumento poderoso para intervenir y hacer política sobre los cuerpos, que los somete a ciertas expectativas culturales y se ensaña particularmente con los cuerpos femeninos (entre otros, Gupta y Richters, 2008; Perrotta, 2008; Showden, 2011: 93-134). Pese a que hay mucho de verdad en tales apreciaciones, es innegable también que las TRA brindan una posibilidad de reconsiderar la naturaleza de la especie  humana que no debemos desestimar. Quienes se reproducen o han sido generados mediante fórmulas artificiales de concepción podrían ser ubicados y comprendidos entre esas “extrañas criaturas fronterizas —simios, cyborgs  y mujeres—, que han ocupado un lugar desestabilizador en las grandes narrativas biológicas, tecnológicas y evolucionistas occidentales” (Haraway, 1995: 62) y cuya fuerza transgresora proviene del replanteamiento de la interacción humana con elementos dispares del mundo. En sinergia con la técnica de la reproducción, los cuerpos armados y las vidas creadas en el enclave reproductivo que es la clínica de fertilidad poseen un potencial de quiebra de las expectativas culturales sobre los seres humanos —pero también de lo que son los géneros y lo que es una familia— del que podemos servirnos para la invención de identidades humanas cada vez menos encorsetadas, que nos permitan escapar de ciertas esclerosis.   K AMCHATKA  10 ( DICIEMBRE  2017): 107-127 110  Raquel Taranilla.  Desde la clínica de fertilidad… 2. L  A    CLÍNICA    DE   FERTILIDAD : EL   DESEO   EN   CÓPULA    CON   LA    TÉCNICA    En combinación con el centro de planificación familiar, la generalización de las TRA ha hecho de la clínica de fertilidad el escenario desde donde se administra la creación artificial de seres  humanos y que, en esencia, consiste en un espacio hospitalario en el que se lleva a cabo la fecundación del embrión y su transferencia al útero gestante. La novedad de las TRA se deriva,  precisamente, de que la concepción, que hasta hace solo cuatro décadas se realizaba en exclusiva en la intimidad y quedaba circunscrita al ámbito privado, ha pasado a ser materia de la clínica y se realiza 2 empleando un procedimiento científico-técnico. La clínica de fertilidad interviene en los casos en que se persigue procurarle descendencia a un cuerpo infértil, pero también a aquellos individuos que no desean concebir mediante una relación sexual y cuando se busca evitar la trasmisión de determinadas enfermedades al embrión. En la clínica de fertilidad se culmina, por tanto, la separación entre coito  heterosexual y reproducción, que se institucionalizó en su día con el control de la natalidad (Gordon, 1976), y a cuyos recursos fundamentales (la píldora anticonceptiva y el preservativo) quedan conjugadas las TRA. Es posible que en el imaginario colectivo la idea de clínica de fertilidad recoja los ecos del Centro de Incubación y Condicionamiento en el que empieza la novela Un mundo feliz   (1932); no obstante, el hecho es que las clínicas de fertilidad reales tienen una naturaleza muy distinta. En la obra de Aldous Huxley, los individuos son creados en un entorno fabril del que se ha desterrado la idea de familia y, en consecuencia, se ha aniquilado a sus miembros: ya no hay padres ni tampoco hay hijos, sino que el objetivo de la clínica es generar individuos amputados de toda idea de progenie. Los  gametos, tanto los femeninos como los masculinos, que se emplean en la fecundación provienen de cuerpos que se mantienen en la penumbra:   (1) Sin dejar de apoyarse en las incubadoras, el director [del Centro de Incubación y Condicionamiento] ofreció a los nuevos alumnos, mientras los lápices corrían ilegiblemente  por las páginas, una breve descripción del moderno proceso de fecundación. Primero habló, naturalmente, de sus prolegómenos quirúrgicos, “la operación voluntariamente sufrida para el bien de la Sociedad, aparte el hecho de que entraña una prima equivalente al salario de seis meses”; prosiguió con unas notas sobre la técnica de conservación de los ovarios extirpados de forma que se conserven en vida y se desarrollen activamente; pasó a hacer algunas consideraciones sobre la temperatura, salinidad y viscosidad óptimas; […] y, acompañando a sus alumnos a las mesas de trabajo, les enseñó en la práctica cómo se retiraba aquel licor de los tubos de ensayo; cómo se vertía, gota a gota, sobre placas de microscopio especialmente El concepto de TRA incluye, en rigor, solamente aquellos métodos de fertilidad en los que se tratan en el laboratorio 2 tanto el gameto femenino como el masculino, y se cultiva el embrión resultante de su unión (McCulloh, 2009: 9). Queda excluido, por lo tanto, el método de la inseminación artificial (que consiste en introducir esperma dentro de un útero por medios mecánicos, en reemplazo de la cópula), que según parece se practicó por primera vez en el Reino Unido a finales del siglo XVIII (Clarke, 2006: 1649). El arranque de las TRA no se produjo hasta que fue posible generar un embrión in vitro , en el laboratorio, algo que se logró en 1963, cuando se concibieron de forma artificial algunos embriones de mamíferos. En 1969 se inició el cultivo de embriones humanos (Clarke, 2006: 1649; Brinsden, 2011: 3). K AMCHATKA  10 ( DICIEMBRE  2017): 107-127 111
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