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  25 Problemas de salud en reclusión, o de cómo “en la prisión se te mete el Diablo” Guadalupe Flores Camarillo / Andrea Angulo Menassé*  R  ESUMEN En este trabajo presentamos el caso de un hombre que fue encarcelado después de ser acusado por robo de celular y pasó dos años en una cárcel de la Ciudad de México. Mediante una acuciosa entrevista las autoras  presentan este testimonio con el n de recuperar la ex -  periencia del entrevistado y reexionar sobre algunos temas importantes para el campo de la salud colectiva: las condiciones de vida en la cárcel, la atención a la enfermedad, el proyecto de reinserción social y sus resultados. Planteamos que las condiciones de vida en los penales son determinantes del proceso salud/enfermedad de los internos. Los problemas que en-frentan los reos están determinados por las condiciones de po  breza y precariedad en las que viven. Partimos de en tender la salud de los sujetos como determinada por las condiciones materiales de existencia y planteamos la necesidad de que los centros de reclusión cambien el método de atención centrado en el castigo a un régimen que priorice los derechos humanos de los internos. P ALABRAS   CLAVE :  Reclusorio, salud, proyecto de reha- bilitación, enfermedad, derechos humanos. A BSTRACT In this essay we present the case of a man who was im- prisoned after being accused for mobile´s phone theft and spent two years of his life in a prison in Mexico City. Through an in-depth interview the authors present this testimony in order to recover the experience of the interviewee and reect on some important issues in the eld of collective health: living conditions inside the  prison, attention to the disease, the project and social reintegration. We start to understand the health of the subjects as determined by the material conditions of existence and expressed the need that detention insti-tutions move the look focused on the punishment to a look which prioritize the rights of inmates. K  EYWORDS :  Prison, health, rehabilitating project, di-sease, human rights. *andreaangulo04@yahoo.com Fecha de recepción: 13 de marzo de 2012 Fecha de aprobación: 30 de abril de 2012  26 ARTÍCULO Segunda época / Año 6 / número 11/ enero-junio de 2012 Introducción A pesar de que se ha trabajado la idea de que el siste-ma de justicia enfocado en la rehabilitación y no en el castigo es más ecaz para lograr la reinserción social (Gasparello, 2009), en el Distrito Federal la estrategia que se ha desarrollado para tratar a las personas que han delinquido consiste exclusivamente en la reclu-sión y la privación de la libertad. En contraste con lo que sucede en numerosas zonas indígenas como, por ejemplo, la montaña de Guerrero, donde los sistemas de justicia autónomos han encontrado maneras distintas a la reclusión para lidiar con los delitos 1  (Gasparello, 2009), en las grandes ciudades el método penitenciario, centrado en el castigo, ha generado enormes problemas vinculados con la sobrepoblación 2 .La sobrepoblación en las prisiones es un problema que se ha denunciado muchas veces. Recientemente se conrmó, con el caso del penal de Apodaca en Nuevo León 3 , que el Estado mexicano –es decir, no sólo el gobierno de la capital– no cumple ecientemente con la labor de administración de estas instituciones y 1  El sistema de justicia indígena ha logrado procesos exitosos de rehabilitación de la persona que ha cometido una falta, mediante el trabajo comunitario. El pueblo apoya el trabajo de vigilancia de los policías comunitarios a través de la constante comunicación, vigilancia y alimentación de los sujetos que trabajan, mientras que las autoridades comunitarias se encargan del acompañamien-to educativo, el cual consiste en llevar a cabo un ejercicio de re- exión con él o ella sobre el srcen y consecuencias de sus actos (cfr. Muñoz, 2008). 2  “Hemos mantenido la determinación de combatir sin cuartel a la delincuencia, lo que se traduce en un incremento nunca antes registrado de detenciones y consignaciones de quienes han come-tido delitos contra la sociedad. De acuerdo con los datos, entre nales de 2009 y principios 2012 alcanzamos más de 8,500 per  -sonas consignadas, es decir una cifra sin precedentes. Esto repre-senta un crecimiento exponencial en la población penitenciaria compuesta en un 60% aproximadamente por reos federales y un 40% de reos del fuero común, con todas las dicultades que eso conllevo para el gobierno y la administración de los gobiernos estatales”. (Gobernador de Nuevo León en el programa televi-sivo de la periodista mexicana Carmen Aristegui, [CNN], 21 de febrero de 2012). 3  El 19 de febrero de 2012 tuvo lugar la masacre de 44 presos y la fuga de 30 de dicho penal de Nuevo León, en lo que se conoce como la peor masacre del país dentro de un centro de reclusión. En el penal de Apodaca se encontraron 2, 477 reos viviendo en una instalación con capacidad para 1, 522. http://www.jornada.unam.mx/2012/02/27/politica/007n1pol. que las precarias condiciones de vida en las cárceles contribuyen a que exista una situación de inseguridad  para los presos. Es responsabilidad del Estado proteger y garantizar la vida de los reos, así como su salud. Sin embargo, en el área de la salud, por ejemplo, desde 1998 grupos de internos de los reclusorios del D. F. han elaborado  peticiones a las autoridades responsables, en las cuales exigen mejores instalaciones médicas y personal más sensible a sus padecimientos, y plantean la necesidad de establecer un sistema de distribución permanente de medicamentos, cuya escasez es uno de los mayores conictos que enfrentan los reos (Azaola y Bergman, 2003). Esta problemática se conrma en el  Informe especial sobre la situación de los centros de reclusión en el Distrito Federal  , elaborada por la Comisión de Derechos Humanos de esa entidad:Las unidades médicas de los reclusorios no cuentan con el personal, el equipo y los medicamentos sucientes  para brindar la debida atención. Esta situación es, en sí, una violación agrante al derecho a la salud. Se detectaron unidades médicas que operan con un solo médico por turno a pesar de que la población total del centro rebasa los 6, 000 reclusos. De 2003 a 2004, las quejas relacionadas con el servicio médico aumentaron de 445 a 700 y se rerieron especícamente a la falta de atención médica, la negativa de acceso al servicio médico por parte de personal de seguridad y custodia, la insuciencia de medicamentos y las severas de -ciencias en los traslados externos (2003: 8). Los testimonios recabados en esta investigación ra- tican lo que se ha consignado repetidamente en los informes de derechos humanos, esto es, que la atención a las necesidades en salud dentro de los centros de reclusión se encuentra aún lejos de ser la adecuada. Las relaciones médico-paciente en la reclusión se estructuran a través de las relaciones de la institución  penitenciaria con los sistemas sanitarios estatales, esto como cobertura obligatoria. El acceso a la medicina  privada no está prohibido, sin embargo depende de múltiples factores algunos de ellos desestimulantes de la atención, como la obtención del permiso del director  27 ARTÍCULO  Problemas de salud en reclusión, o de cómo “en la prisión se te mete el Diablo” del centro, que el personal de seguridad acompañe al  preso, o en el peor de los casos que el médico acepte acercarse a la prisión, nalmente el factor económico, ya que los costos deben ser asumidos por el paciente, quien al interior de la cárcel no genera mayores ingre-sos. Lo que hace una diferencia en las condiciones de acceso a los servicios de salud, entre quienes disfrutan de libertad ambulatoria y quienes la tienen restringida (Arias, 1996: 47). La Comisión de Derechos Humanos del D. F. ha hecho recomendaciones sobre este punto a los responsables del sistema penitenciario 4  insistiendo en la negligencia constante del personal de salud para resolver problemas como, por ejemplo, trasladar a hospitales externos a reos con padecimientos graves (Mejía, 2011). Referentes desde donde partimos La salud colectiva estudia los problemas de salud en-tendiéndolos como resultado de determinantes sociales como la clase social, el género o la etnicidad. Este texto se ubica dentro de dicha postura, ya que planteamos que las condiciones de vida en los penales son deter-minantes del proceso salud/enfermedad de los internos. Los problemas de salud y de enfermedad que enfrentan los reos están determinados por las condiciones de  pobreza y precariedad en las que viven.   El resultado más importante de este abordaje es que nos  permite precisar las causas que generan la desigualdad social en salud y, consecuentemente, plantear algunas líneas generales para transformar dicha problemática (Granados & Delgado, 2006). Para la salud colectiva, la relevancia de los problemas de salud no reside en la cantidad de personas que padecen una enfermedad, sino en la importancia cualitativa que ese problema tie-ne para el colectivo que lo sufre. Así mismo, la resolu-ción de los problemas de salud no está relacionada solo con una intervención médica adecuada sino, y sobre todo, con la transformación de las condiciones mate- 4  En 2009 se registraron cuatro recomendaciones de Derechos Humanos dirigidas a autoridades de diversos penales del D.F.:  por el caso de un interno violado en Santa Martha Acatitla, por el fallecimiento de reos producto de la abstención u omisión de  protección a la integridad física y psicológica, por tortura, tratos crueles y degradantes y por negligencia médica. En 2010 hubo cuatro recomendaciones más: por tortura, por tratos crueles y hostigamiento sexual y por detenciones arbitrarias (Mejía, 2011) riales de existencia de los colectivos. En este trabajo retomamos fragmentos del testimonio de un interno que vivió dos años en un penal del D.F. y postulamos algunas reexiones que su vivencia nos generó, todo ello a partir de ciertos conceptos relacionados con la salud colectiva. Metodología Son más los estudios cuantitativos sobre las condicio-nes de vida dentro de los reclusorios que los trabajos que indagan la vivencia subjetiva de los internos des-de lo cualitativo (Azaola y Yacamán, 1996; Azaola y Marcelo 2003, 2005; Palacios 2009). Se sabe la cantidad de personas que viven en una celda o los números estadísticos de presos sin sentencia 5 , pero se ha estudiado poco cómo viven los reos la experiencia de haber pasado por un proceso penal de reclusión en las cárceles de la Ciudad de México. En esta investigación nos resultó de fundamental im- portancia indagar, a través de la narración testimonial, la vivencia ‘desde adentro’ de un sujeto recluido, los aprendizajes que tuvo durante ese tiempo y el desarro-llo, o no, de la posibilidad de darle sentido a su estancia dentro de la institución carcelaria. Nos interesaba ha-cer énfasis en cómo la reclusión puede funcionar como determinante de los procesos de salud/enfermedad y, en el caso de algunos reos, constituir un detonante del deseo de transformar las condiciones de vida opresivas que padecen durante el encierro.Se realizó una entrevista en profundidad, mediante la cual buscamos comprender la realidad que se en-contraba viviendo esta persona. Si bien, en un primer momento se intentó establecer relación con las autori-dades carcelarias para solicitarles permiso de ingreso  para realizar la investigación, llegamos a la conclusión de que hacerlo desde una plataforma institucional  podría traer como consecuencia la posible censura del entrevistado quien, al estar condenado a una larga 5  Del total de presos a nivel nacional (232 mil presos) el 40% son  presos sin condena a    pesar de que se ha hecho ya un señalamien-to de que no es necesario y no conviene saturar las prisiones de reos a los que ni siquiera le han demostrado que han cometido un delito y que tienen que liberar después de unos años sin ninguna reparación y mientras están llenando las prisiones innecesaria-mente (Azaola, 2012 en el programa televisivo de la periodista mexicana Carmen Aristegui, [CNN], 21 de febrero de 2012).  28 ARTÍCULO Segunda época / Año 6 / número 11/ enero-junio de 2012 sentencia por cumplir, hubiera tenido menos libertad  para narrar su experiencia. Por ello, y a sugerencia de la Dra. Amarela Varela, bautizamos la técnica como “entrevista a profundidad en la desobediencia”. La investigación se realizó, así, sin el permiso de las au- toridades y desde la desobediencia, ya que la nalidad de las visitas al penal fue disimulada por la entrevista-dora. Se llevó a cabo sin hojas, lápices, grabadoras o ningún tipo de dispositivos de registro, con el n de no tener que dar cuenta a ninguna autoridad institucional del propósito del trabajo. Ello tuvo la ventaja de que el entrevistado pudo hablar sinceramente, y nosotras “recuperar” su voz. Javier –como a partir de ahora nombraremos al entre -vistado-, al ser pariente de una de las investigadoras, tuvo una disposición permanente para participar en este estudio, pues quería dar testimonio de su expe-riencia. No fue elegido al azar o seleccionado a través de criterios denidos a priori , sino que el contacto fue  posible gracias al vínculo que lo unía con la entrevis-tadora. El objetivo del trabajo fue dejar constancia de lo que implicaba, en términos vivenciales, ser parte del colectivo de sujetos privados de la libertad. La entrevista se desarrolló a lo largo de veinte visitas al reclusorio de enero del 2009 a diciembre del mismo año; en cada una de ellas, la entrevistadora memorizaba el contenido de la conversación y procedía a registrarla inmediatamente al salir, para perder la menor canti-dad de detalles sobre lo dicho. Una vez transcrita la entrevista, se realizó un análisis temático guiado por las categorías centrales empleadas para este estudio: las condiciones de vida en la cárcel, la atención a la enfermedad, el proyecto de reinserción social y sus resultados. Cuando el entrevistado salió del reclusorio, dio su visto bueno al trabajo y, posteriormente, éste se imprimió como tesis de licenciatura. El nombre con el cual se le consigna aquí -para mantener la condencia -lidad y el anonimato- fue escogido por él. Presentación del entrevistado Javier nació en la delegación Cuauhtémoc del D. F., y vivió con sus padres y seis hermanos hasta la edad de un año, cuando su madre murió y su padre lo llevó a vivir a Veracruz con sus abuelos. Allí radicó hasta los diez años, cuando pudo regresar al D. F. Ya adulto, vivió en la colonia Moctezuma, también en la delega-ción Cuauhtémoc, con la madre de su primer hijo, de la cual posteriormente se separó. Con su segunda esposa  procreó tres hijos más que actualmente viven, al igual que él, en casa de su suegra. Mide aproximadamente 1.75 cm y pesa alrededor de 80 kilos. Es de tez blanca, ojos grandes, cabello castaño, boca mediana, nariz respingada. De sus hermanos, es el menor. Cursó la educación primaria y secundaria en Veracruz. Fue es-tudiante de bachiller del Instituto Politécnico Nacional,  pero en cierto momento se vio obligado a abandonar sus estudios para trabajar y mantener a su primer hijo. Se incorporó al mundo laboral como empleado en un comercio. Antes de ser recluido en el penal, era estudiante de enfermería a nivel bachillerato en una institución de educación media superior del Estado, al mismo tiempo que trabajaba en un hospital público. En sus ratos libres vendía ropa, artículos de belleza y zapatos por catálogo, con lo cual buscaba generar un ingreso extra para tener mejores condiciones para su familia, pues para ese entonces tenía ya tres hijos. Fue acusado de robo de celular por un menor de edad,  paciente del hospital donde trabajaba y, aunque no se comprobó el delito, fue recluido con una sentencia de siete años y cinco meses. Por falta de pruebas, dos años después de su aprehensión salió del penal, sin indemnización alguna por parte del sistema de justicia  por haberlo encarcelado sin contar con pruebas incul-  patorias sucientes. Actualmente enfrenta, día a día, lo que muchos otros ex presidiarios: la estigmatización y la falta de trabajo. Así pues, a la fecha vive de la venta de productos por catálogo (ropa, artículos de belleza,  juguetes, perfumes, etc.), pues no pudo recuperar su trabajo en el hospital debido a que ahora tiene ante-cedentes penales. Problemas de atención Como se mencionó anteriormente, la Comisión de De-rechos Humanos ha presentado numerosas evidencias de la negligencia de la Secretaría de Salud relaciona-das con la atención en los centros de reclusión; por ejemplo, se han detectado y denunciado casos en los que internos con padecimientos de extrema gravedad no han sido atendidos a tiempo, ni se les han propor-  29 ARTÍCULO  Problemas de salud en reclusión, o de cómo “en la prisión se te mete el Diablo” denuncia también este problema en su  Informe sobre la situación de los derechos humanos en México , en el cual señala que: “en México existe una orientación deformada del derecho penal, en el que predominan las  penas menos idóneas para la readaptación,  fomentando más bien la represión y disminución de la personalidad del individuo ” (  Informe especial sobre la situación de los centros de reclusión en el Distrito Federal  : 14. El subrayado es nuestro).Esta “orientación deformada del derecho penal” es lo que frecuentemente provoca en los internos rencor social en vez de procesos de readaptación ya que las cárceles, tal y como funcionan ahora, no fomentan el desarrollo colectivo, no son un espacio para la reexión, no ofrecen acompañamiento educativo, no son un espacio donde se permita a los reos construir un  proyecto de vida, y no existen políticas abocadas a la reparación del daño ni a la posibilidad de transformar las condiciones de vida, ni dentro ni fuera del penal. Más adelante citaremos ejemplos concretos de estas conclusiones, proporcionados por Javier. La reinserción social Los reclusorios alimentan la sensación de impotencia, la vulnerabilidad y la necesidad de venganza de los internos en la medida en que, en lugar de facilitar la identicación mutua y el logro de proyectos a corto, mediano y largo plazo, se convierten en una fuente generadora de resentimiento. Para los reos, la cárcel acaba signicando castigo tras castigo. Javier, nuestro entrevistado, habla claramente de ello:  Estos lugares, en vez de ayudarte a reinsertarte en la vida, te generan tanto resentimiento que te quitan las ganas de seguir. Se encargan de que se haga más  grande tu frustración y de que se te meta el diablo .  Hay gente con el 90% de su sentencia pugnada (sic) y no los dejan ir; lo que tú haces por readaptarte no lo valoran, te aplazan, te aplazan, te aplazan, te aplazan  y un año después de que terminas tu condena sales. ¿Qué quiere decir esto? Que las autoridades no leen tu expediente ni valoran ningún esfuerzo que estés ha-ciendo ¿Tú crees que te puedas readaptar a la sociedad así? No, porque sales más resentido. cionado los medicamentos adecuados (Mejía, 2011). Únicamente durante el periodo comprendido entre el 28 de febrero de 2007 y el 1º de diciembre del 2008 (Derechos Humanos, recomendación 20/2009) hubo recomendaciones consecutivas por parte de dicha co-misión, dirigidas a la Secretaría de Salud del D. F., por el fallecimiento de diez internos relacionado con actos de negligencia en el Reclusorio Preventivo Varonil Sur y Norte. Algunos ejemplos de las causas de los decesos fueron: lesiones en la espalda que provocaron daño neurológico y, posteriormente, la muerte del reo por mal manejo de tratamiento (sólo a base de analgésicos); fallecimiento por mal manejo de hipertensión intracra-neal; muerte por trombocitoprenia diagnosticada pero atendida tardíamente; congestión visceral generada  por un retraso en la administración del medicamento  pertinente; cuadro séptico no traumático que causó la muerte del interno al no ser atendido de inmediato; VIH diagnosticado tardíamente y retraso en el tratamiento; estallar de las vísceras no detectado a tiempo; infarto al miocardio no descubierto ni atendido de forma oportuna, y enfermedad pulmonar obstructiva crónica manejada inadecuadamente (Mejía, 2011: 5). A este respecto, durante una de las entrevistas, Javier comentó lo siguiente:Mucha gente padece enfermedades en el penal, como hipertensión arterial y diabetes, pero también SIDA, y no hay el personal del Servicio Médico que se haga cargo. Mucha gente necesita de una cirugía, y no la sacan porque no hay presupuesto. En el dormitorio nueve se encuentra la gente incapacitada, en silla de ruedas, muletas, personas de la tercera edad que no tie-nen ya control de esfínteres y que requieren de atención especializada; no se la dan. Cuando viene Derechos Humanos tratan de tapar todo, lavan pasillos, quitan los puestos de vicio, etc. Este testimonio da cuenta de que las prisiones mexi-canas funcionan más como criptas que otra cosa, pues sus instalaciones y servicios son insucientes para la gran cantidad de internos que ahí viven. A nuestro  parecer ello se debe en parte a que, al estar la insti-tución enfocada en el castigo de los reos, en vez de minimizar las desigualdades sociales, las reproduce. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos
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